Los Juegos que no Sobrevivirán

stranded deep

Los juegos de supervivencia plagan las plataformas de compra como las hordas de zombies la ficción audiovisual actual. Cuando hay tanta oferta de lo mismo, es imposible no echar un vistazo atrás y contemplar los cadáveres de franquicias que murieron por la sobreexplotación.

Desde apolillados armarios y trasteros mohosos de media España contemplan silenciosos el devenir de los días, los meses, los años… capturando el polvo en suspensión con silencio y eficacia. Antaño fueron el juguete al que tú, tus amigos y tu familia jugabais en tandas de dos, tres y cuatro personas. Y ahora, ahí están viendo pasar el tiempo, los controladores de Guitar Hero, envejeciendo más despacio que la Puerta de Alcalá. Los instrumentos de mentira que dejaron de sonar y que ahora, como los jerséis feos de la abuela, se conservan sin tener realmente un lugar en casa y sabiendo que no los usaremos o lo haremos en contadas ocasiones. ¿Cómo terminaron así? Parece mentira que, durante unos fugaces años, estos juegos fueran lo único a lo que se jugaba. ¿Qué les ocurrió para acabar tan olvidados que su artículo de Wikipedia esté en pretérito perfecto?

Echemos un ojo a los juegos de Activision (insertar sonido de truenos): catorce títulos de Guitar Hero  en 5 años para consolas y PC y otros dos juegos para dispositivos portátiles. La franquicia es un clásico ejemplo de gallina de los huevos de oro muerta por exceso de trabajo. Los juegos recordaban por su sabor “familiar” a los juegos de la Wii y a partir de la tercera entrega estuvieron disponibles para consola de Nintendo y para prácticamente todas las plataformas de salón. Guitar Hero  y la otra franquicia “inspirada” en ella, Rock Band, como juegos casuales que eran, tenían un cierto carácter perecedero: siempre llegaba el momento en el que la familia se cansaba del título y la novedad dejaba de ser novedad.

Por eso cada poco tiempo se sacaban nuevos títulos. Cuando se acabaron las generalidades, apostaron por packs temáticos que también incluían sus plasticuzos: Guitar Hero: Metallica, Rock Band: The Beatles… y fue precisamente la enorme y continua oferta lo que mató a ambas franquicias: la sobresaturación del mercado acabó por confundir y cabrear a unos jugadores que veían como su dinero volaba en lo que esencialmente era una expansión de la misma experiencia de siempre.

Para que no nos tachen de apocalípticos, hemos comenzado este artículo citando el caso de Guitar Hero pero nosotros habíamos venido aquí a hablar de otra cosa: la gargantuesca oferta de juegos de supervivencia. Los llamados “survival” (pero sin el “horror” detrás). La particularidad de esta plaga es que afecta predominantemente a PC y se extiende mediante plataformas de distribución virtuales, aunque también hay buenos ejemplos en consolas.

Todos estos juegos tienen varios elementos en común. El mundo suele generarse de manera procedural, similar a como ocurre en Minecraft y en la galaxia de No Man’s Sky, pero aquí son más bien bosques tétricos y oscuros como los de The Forest, islas desiertas como las de Stranded Deep, las montañas heladas de The Long Dark o las caricaturescas mazmorras lovecraftianas de Eldritch; en definitiva, mundos cuya principal característica es la hostilidad abierta hacia el jugador. Cada mundo es diferente, pero las tácticas de supervivencia terminan siendo las mismas: recolectar materiales, craftear y evitar que los enemigos o los elementos acaben contigo. No suelen tener final porque el final no es importante, el camino lo es: son juegos que progresivamente aumentan su dificultad hasta que acaban contigo o te aburres. Y ya está, realmente eso es todo, salvo alguna posible excepción traspapelada entre las ingentes cantidades de estos títulos en Steam, muchos de ellos en un estado técnico lamentable en el momento en que se hacen públicos o se mandan al Early Access, como Savage Land o Dead Sea  (pero de eso hablaremos otro día, que da para otro artículo).

Especialmente insidiosa e insistente es la unión natural de este género con una moda que, perdonadme el chiste fácil, huele a podrido: los zombies, tan omnipresentes en el panorama del entretenimiento desde hace algunos años. Hay tantos malditos juegos “survival zombie” y casi todos tan malos, que muchos nos preguntamos cómo el mercado no ha caído ya. En serio: hay hasta una sugerencia de búsqueda en Google con “so many zombie survival games”. DayZ, Project Zomboid, Seven Days to Die, Infestation: Survivor Stories, H1Z1… los títulos son innumerables y, como no podía ser menos, incontables canales de Youtube se nutren de gameplays comentados de estos títulos. ¿Es este feedback el que alimenta lo que sin duda es una burbuja o una moda temporal? ¿Acaso, como predijo South Park, hemos dejado de jugar para ver jugar, para ver a otros progresar mientras nos hablan?

Juegos de supervivencia hay muchos, son todos parecidos en su mecánica y, aunque hay muy buenos títulos, otros muchos son de calidad ínfima. Y si algo nos ha enseñado la historia de los videojuegos es que, como ocurrió con Guitar Hero  y Rock Band, demasiado oferta + productos de baja calidad = a destrucción del mercado. Parece que la gente se empieza a dar cuenta de que la tendencia ha dejado de ser ‘trendy’ y quizás la caída se produzca en breve.

Esta es una vieja lección de 1983, cuando ocurrió el famoso ‘Crash’ del mercado de videojuegos. Una horda de títulos y máquinas de chichinabo hicieron que los beneficios de los mercados de las videoconsolas cayeran un increíble 95%. Entre 1983 y 1985 el mercado de las consolas pasó de valer 3.000 millones a 100 millones de dólares. Al contrario de lo que se piensa, el infame videojuego de Atari de E.T. no fue un factor decisivo, sino la gota que colmó el vaso. ¿Podría ocurrir algo similar con los juegos de supervivencia o los juegos procedimentales? ¿Se cansará la gente de mundos creados por algoritmos? ¿Soltarán el controlador enfadados cuando tengan que pegar un puñetazo a un árbol por enésima vez y se llevarán su atención y su dinero a otra parte? Nada es seguro, pero hay factores similares en la situación actual, en el declive de los juegos musicales y en el crash.

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