La verdad sobre Oscar: El Cuerpo Modular

Oscar the modular body

Esta semana hemos asistido al nacimiento de OSCAR, una criatura diseñada en un laboratorio compuesta de varias secciones de órganos modulares impresos en 3D a partir de células humanas.

Varios vídeos han sido filtrados a través de redes sociales en los que se puede ver a Cornelis Vlasman, el biólogo creador del proyecto OSCAR juntando estos módulos orgánicos para crear un individuo autónomo en tiempo real. Como era de esperar, no han tardado en surgir las voces de quienes critican esta aberración de la ciencia.

Lo que muchos desconocen es que OSCAR, The Modular Body es un proyecto de ficción online creado por el artista audiovisual y animador holandés Floris Kaayk y producido por SeriousFilm. Con OSCAR, han intentado ir más allá de la fórmula narrativa convencional para crear un relato transmedia. Una historia de ciencia ficción que sale de la pantalla para generar una experiencia hiperrealista y multidimensional.

En la web oficial del proyecto, tú eres el encargado de investigar la historia de este experimento a través de un entramado de vídeos que puedes visualizar en el orden que quieras, creando tu propia línea de acontecimientos. La trama de OSCAR gira entorno a un grupo de científicos, liderados por el biólogo Cornelis Vlasman, los cuales crean un prototipo de ser orgánico modular a partir de células sacadas del propio Cornelis. La historia nos recuerda un poco a Splice (Vincenzo Natali, 2010), pero con la diferencia evidente de la forma en la que es contada. Una propuesta muy interesante y arriesgada que nos hace plantearnos el futuro de la bioética y la medicina.

Estas nuevas formas narrativas toman como punto de partida la experiencia subjetiva e interactiva para sumergirnos en un universo que desdibuja poco a poco la frontera entre la ficción y la realidad. Transgreden las limitaciones de soportes o formatos para abordarnos desde cualquier medio al que estemos conectados. Sin duda, el omniacceso a internet del que disponemos en esta era ha posibilitado que el transmedia comience a formar parte de nuestra vida. Muchas de las campañas de publicidad que se realizan ahora buscan precisamente esta forma de integrarse con el público objetivo o usuario, haciédoles partícipes de la dirección que toma la marca y su posicionamiento. Las posibilidades son infinitas.

Cada vez nos es más familiar la imagen de una persona ataviada con un casco de Realidad Virtual, inmersa en una experiencia virtual dentro de un mundo digital. Esta tecnología es llamada por algunos a replantear todo el storytelling tal y como lo conocemos. Experiencias especialmente diseñadas en las que el protagonista es uno mismo y el desarrollo de la historia depende de las decisiones que tomemos en cada momento.

Parece que la dirección a la que apuntan todas estas nuevas formas de narrar está alineada con dos parámetros claros; la inmersión y la interactividad. Pero esto no es del todo nuevo. Allá en los 90, videojuegos como Ultima Underworld, Wolfestein 3D, Doom o Quake, comenzaban a dictar el cánon de perspectiva subjetiva que hoy ocupa una parte enorme de la industria. Otra narrativa acorde a este paradigma es el mondofalso documental o el found footage (metraje encontrado) que, aunque no son lo mismo, tienen mucho que ver en su aspiración de pasar por reales para impactar más a la audiencia.


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