IBÉRICA DISCO: Lentejuelas y campanas en la España de los 70 y los 80

Allá en la España de los 70 los ecos del disco y el funk venidos de ultramar tomaron formas variopintas creando una escena musical única: Bienvenidos a la IBÉRICA DISCO.

Imaginen una noche de fin de semana cualquiera. Viernes a poder ser por aquello de la rehabilitación a comienzos de semana, que las obligaciones no entienden de jaquecas y malas digestiones. Ahora esfuércense un poco más e imaginen en una época, jaranera y excesiva. Solo imaginen. Expuestos a cualquier mirada. Sentados en un sillón raído junto a otros tantos homínidos expectantes de lo que se cuece bajo la bola de espejos. Piensen en ese suelo machacado por los años sobre el que se reflejan colores primarios decadentes, donde cuerpos de distinta índole y origen se contonean sobre el ritmo más altruista que haya podido existir sobre la faz del planeta.

Ecos de Gumble & Haff, Norman Harris y Vince Montana Jr. van surgiendo en la memoria mientras la sombra de la Electric Light Orchestra… lo abriga todo.

A estas alturas la gran mayoría de ustedes ya supondrán que esta escena es una más de las muchas vividas, pero con una sutil nota discordante. Las palmadas acompañan con sincronismo al bajo retumbando en nuestra cabeza. Las voces, femeninas en su mayoría y cantadas en nuestro idioma en algunos casos, suenan sin acreditar fluyendo a través de la orquesta de fondo como un instrumento más.  Y mientras lo damos todo también nos empieza a picar la curiosidad fijando nuestro objetivo en el pinchadiscos. Lo que no esperamos son las respuestas que vamos recibiendo como mezclas imperfectas de bebidas espirituosas. ¿Josep? ¿Manuel? ¿Juan Carlos? También nombres rimbombantes y estrafalarios van llegando a nuestros oídos, dando que pensar en cierta sorna con la pretensión de apartarnos cuál díptero, que también los hay para aquellos con intenciones poco libidinosas. Con esas volvemos intempestivamente a casa, si no ha quedado nada más importante que hacer, sin contener la emoción ni esperar a recuperar horas de sueño para ponerte manos a la obra. Quizás no era un vacile, te insinúas. Quién sabe si esta gente existe de verdad pero, aun así, ¿cómo han podido hacer eso? ¿Quién les ha enseñado? entrando nuevamente en otro error de manual. Porque la pizarra puede ser un coctel de influencias llegadas del otro lado del Atlántico o más allá de los Pirineos junto al talento de unos aventajados alumnos para extraer diamantes brutos donde otros no llegan al vano intento de dejar huella.


Y aquí es dónde entramos ya en materia.  Porque entre teclados o dedos, según la edad o costumbre tecnológica-analógica del afectado, vamos husmeando canción tras canción, disco a disco, adivinando los patrones de este sonido que no nos es ajeno si ya nos hemos acostumbrado a sus parientes mayores. Ecos de Gumble & Haff, Norman Harris y Vince Montana Jr. van surgiendo en la memoria mientras la sombra de la Electric Light Orchestra con sus sintetizadores lo abrigan todo en una mezcla que, ya sea por economía de medios o por afición gustosa, se convierten en melodías pegadizas. La intención no es otra que hacer disfrutar pero debemos reconocer que nos agrada el toque de cercanía. Que alguien antes de que algunos de nosotros fuéramos siquiera cigotos ya había pensado que esto sonaba bien. Porque aquí el que más y el que menos quiso meter las manos en este dulce pastel que a nadie amargaba y del que incluso se pudo sacar cierta tajada. De ahí que se hayan obviado nombres de músicos con el fin de evitar la repetición y sobreexposición de datos, debido a su participación en muchos de los LPs y singles aquí mostrados. Por tanto, únicamente queda claudicar y arrodillarse ante lo que algunos han llamado acertadamente la Ibérica Disco. La fiesta no ha hecho más que comenzar.

Paloma San Basilio, Disco, Iberica

PALOMA SAN BASILIO – NO PUEDES VOLVER A MI (HISPAVOX, 1975)

Comenzar con una versión podría no ser la mejor forma de presentar un género al que casi hemos tildado de autóctono con matices, pero no despotriquemos al azar. Porque escuchar esta castiza revisión del famoso “Never Can Say Goodbye” de Gloria Gaynor es un placer para los oídos amén de suponer la presentación en sociedad de una de las mejores voces que se han prodigado por estas tierras. Ayudó el hecho de grabar para el sello Hispavox, caracterizado por unas fastuosas orquestas comandadas por el productor Rafael Trabuchelli y el compositor Bebu Silvetti, binomio sin el cual es posible entender el denominado “Sonido Torrelaguna”, en honor a la calle madrileña donde se encontraban los estudios del sello. Los arreglos corrieron a cargo del guitarrista cubano Juan Márquez, cuyo lanzamiento en solitario Pa-Cá (Hispavox, 1972) es una delicia de latin funk que pide una reedición a gritos. Respecto a la cantante, volvió a coquetear tímidamente con el terreno bailable en su siguiente álbum Donde Vas… (Hispavox, 1977) donde podemos encontrar “Contigo”, la cuál también pasó por la voz de la cantante brasileña Adriana ese mismo año, o la versión de “El Manisero” aquí renombrada como “The Peanuts Vendor” cuya sección de vientos en el tramo final es simplemente espectacular. Publicaría un último single reivindicable, “Secretos” (Hispavox, 1978) con un final anfetamínico y toda una prueba de fuego para la sección de cuerdas que recuerda a L.J Johnson y su “Your Magic Put A Spell On Me” (Phillips, 1976). Nítidos ejemplos con los que solo nos queda fantasear sobre lo que habría dado de sí esta artista si el groove hubiera empapado aún más sus venas.

Barrabás, Watch Out, Disco Iberica

BARRABÁS  – FIRE GIRL (RCA VICTOR, 1976)

Otro de los motivos por los que hablar de este subgénero con denominación de origen. Porque mientras en otros casos los coqueteos con las raíces afroamericanas fueron tan discretos como un adolescente con intenciones de intimar, Barrabás iba a piñón fijo. Tras sus experimentaciones finales con Los Brincos y el efímero proyecto de Alacrán, Fernando Arbex se puso a los mandos en la producción de una banda no profeta en su tierra, evolucionando en seis discos altamente recomendables desde ese rock funk latino deudor de Santana, pasando por el jazz funk hasta finalizar su primera etapa enfocados a la música de baile. Ahí es donde aparecen con el LP Desperately o Watch Out según la edición (RCA Victor, 1976), y la canción que aquí nos ocupa, explícita oda al ritmo de velocidad apabullante y con un solo de saxofón del multinstrumentista Ernesto “Tito” Duarte que quita todos esos males que pueden aquejar a un cuerpo humano. La banda grabaría un álbum más antes de esfumarse hasta la década siguiente. Pero el parón no fue excusa para muchos de sus miembros, que continuaron dando salida a esa música de sudor y desenfreno bajo distintos alias y seudónimos. Por un lado Josep María Moll, batería en los primeros álbumes de la banda, se separaría del mismo durante un tiempo para producir diversos proyectos con proyección hacia la bola de espejos como los dos LPs de la banda-ballet de TVE Zoom para el sello Polydor o el single Baila Funky Music (Columbia, 1982) con el grupo Vandaleon. Arbex por su parte escribiría y daría forma al rompepistas del papito Miguel Bosé “Shoot Me In The Back” (CBS, 1979) o el siete pulgadas “Stay On The Line” (Zafiro, 1979) para reconvertir en los Ashford & Simpson patrios a Sergio y Estíbaliz, mientras que Duarte sacaría en solitario I Am The Boss (RCA Victor, 1978) puro jazz funk con vocación discotequera cuyo punto culminante es el magnífico y poco apropiado para ludópatas “Gambling Fever”.

Siracusa, Give me your love

SIRARCUSA – GIVE ME YOUR LOVE (EXPLOSION, 1977)

Bajo este enigmático nombre se esconde un juego de palabras que puede ayudar a descubrir las manos que andaban detrás de esta canción. Porque es probable que en la segunda mitad de la 70 pocos pudieran imaginarse que los dinámicos Ramón Arcusa y Manuel de la Calva serían capaces de experimentar con el género e incluso crear verdaderas maravillas a su salud. Existen dos versiones más de la aquí mencionada; la primera cantada por el ex Pop-Top Phil Trim con idéntico nombre a este versión instrumental, y una segunda en la voz del terror de los maridos Julio Iglesias y renombrada como “Un Dia Tu Un Día Yo” en el LP Emociones (CBS, 1978) que recoge su otro testimonio destinado al baile nocturno “Quiéreme”, también producido por ellos. En ésta que nos ocupa destaca una introducción de cuerdas que pide a gritos ser carne de sampler, así como una flauta socarrona que sigue al sintetizador paseándose sin más interés que el de hacer menear cualquier parte del cuerpo que merezca tal favor demostrando que, por encima de los prejuicios, se encuentra la calidad de unos compositores todoterrenos en la música española. Y si les queda alguna duda, pasen a la cara B. Pero no fueron sus únicas incursiones en el terreno del groove cañí. Desde Nydia Caro hasta Luis Fierro pasando por Manolo Otero, muchos de los artistas de corte melódico popero de la época pasaron por sus manos, dejando en muchas de estas grabaciones retazos de disco music orquestal reivindicables. Ellos mismos aparecieron también bajo el misterioso nombre de Magic Carpet con un long play Love On The Magic Carpet (Carnaby, 1978) con arreglos de Rafael Ferro y en el que se adelantaría a Freeez unos cuantos años gracias a viajes astrales de space disco tales como “Full Of Love” u “Oriental Tango”.

Manuel Gas, Tinto Brass

MANOLO GAS & THE TINTO BAND BANG – LUNA ARÁBIGA (POLYDOR, 1978)

Continuando con la estela de influencias italo disco ahora le toca a otro de los grandes compositores hispanos que se atrevió a darle al ritmo de moda, y de qué manera. El hombre de la eterna gorra militar y el bigote nutrido ya mostraba en sus diferentes volúmenes de El Sonido de Manuel Gas (todas ellas publicadas bajo el sello Fontana) versiones retocadas de éxitos del pop rock anglosajón y clásicos populares como podemos comprobar en sus oscuras y progresivas visiones del “American Woman” de Hendrix o “I’m A Man” de los Spencer Davis Group, dejando también hueco para funk instrumental como la cara B  “Cascarrabias Joe” (Phillips, 1973). Después comenzaría la etapa con la Tinto Band Bang que incluía a Pedro Iturralde o el percusionista Pepe Ébano entre otros miembros, con una serie de long plays donde continuaría con la dinámica anterior, esta vez bajo el imperativo comercial del sonido que aquí nos ocupa pero sin perder un ápice de calidad. Y es que la sombra de la Philly Sound acecha por todos lados en esta pieza cuyas reminiscencias, aparte de las que aquí nos interesan, vienen ya implícitas en el título. Ecos de oriente muy socorridos si a instrumentales exóticas nos referimos por estos lares, acompañado de esa melodía con aire nostálgico al borde del desengaño donde lo único que nos puede despertar del letargo es ese sintetizador tan en boga y que aquí no desentona un segundo. Sería recomendable escuchar el álbum entero al que pertenece esta maravilla, Especial Gas-Coteca, sin duda el más conseguido de todos, y condimentarlo con la cover del “Moonlight Serenade”, publicado en su anterior referencia con la banda, Gas (Polydor, 1977).

Los Chichos, son ilusiones, hermano

LOS CHICHOS – HERMANO (PHILIPS, 1978)

Sí amigos, hasta ellos también se pusieron chorreras y pantalones de campana para danzar bajo la bola de espejos. Ellos más que ninguno. Porque cualquiera de sus tres primeros álbumes son una bomba de gipsy soul yeyé para quemar tarima hasta el amanecer. La segunda mitad de los 70 fueron suyos y, quizás por ello, con el LP Son ilusiones dieron un paso más en su atrevimiento. Sin el maestro José Torregrosa en la dirección musical por primera vez en su carrera, se pusieron el traje de Kraftwerk  y se dejaron meter sintetizadores como si de un Dick Hyman calorro se trataran. ¿El resultado? Una producción compacta en el que destacan unas cuantas perlas de tecno-flamenco precursor de lo que haría triunfar en los noventa a Azúcar Moreno y Camela. Hammond funk lisérgico dando vida a esos versos carcelarios propios de la casa como “La Semana” o puramente synth disco como el tema que da nombre al álbum (ambos publicados en un mismo 7’’ en 1977) ya se han convertido por derecho propio en himnos populares para todos los amantes de nuestra música. Pero, por encima de ellos, esta descarnada oda a la figura materna se sitúa en el podio no solo por ser capaz de llenar cualquier local con ganas de jarana con unos pocos segundos, sino por ser además de las primeras canciones que hablaba de la violencia machista con pelos y señales. Bailable, crudo y racial que, si lo acompañamos de uno de los primeros singles de sus rivales artísticos Los Chunguitos “Baila Mi Ritmo” (EMI, 1976) o “Si Yo Volviera a Nacer (Aires de Huelva)” perteneciente al New Hondo (DB Belter, 1980) cantado por El Turronero, quedará tanto una sesión exquisita como pocas excusas para cerrar la noche debidamente.

Peret

PERET – LA CHABOLA (ARIOLA, 1978)

Segundo acercamiento al folk patrio, en este caso de la mano del rey de la rumba sin miramientos. Juntándose con los mejores productores del momento, adaptó su estilo como pocos a lo que demandaba la pista de baile marcándose un LP difícil de encontrar y a tener muy en cuenta en su discografía. Porque pocos podrían adivinar a raíz de la austera portada que sobre esos surcos se esconden varias gemas de rumbas danzantes con denominación de origen. He ahí la versión de “Lágrimas Negras” o bombazos que remiten directamente a David Shire como “Te Voy A Llevar” producida por Augusto Algueró, cuyos acercamientos negroides anteriormente son más que reconocibles en “Bocaccio Soul” (Polydor, 1968) o “Discoteque” (Polydor, 1971). Pero la palma se la lleva esta revisión del “Saudosa Maloca” de Adoniran Barbosa que en las manos del anteriomente mencionado Bebu Silvetti se convierte en himno instantáneo de noches etílicas y albores del amanecer. No obstante el compositor argentino ya era en esa época director de la Salsoul Orchestra por lo que la influencia de ésta es más que palpable. Palmas adheridas a una brillante orquestación y un riff de guitarra hipnótico dejan paso a un coro gitano en el estribillo que terminan por cerrar el conjunto en una juerga sin fin que hubiera sido un must de David Mancuso en The Loft. Pero no fue el único que le imprimió aires neoyorkinos a la rumba, ya que un par de años más tarde el cuarteto Tobago publicaría Piña Colada (DB Belter, 1980) donde encontramos ejemplos clarividentes como “Toquilliquiton” acompañados por la banda Atlanta. Sin contar que incluso Rumba Tres se atrevieron a ello con su single Ya Estoy Parao (Ariola, 1976) producido por el infalible Eddy Guerin, artífice también de la sevillana bailonga Pares O Nones (Hispavox, 1975) de Los Marismeños.

Oliver's Planet, Dance Machine

OLIVER’S PLANET – DANCE MACHINE (ARIOLA, 1979)

Llegamos a otro de los grandes hallazgos de la mano de uno de los nombres más desconocidos de la escena. Esencial en la historia de la música pop española tanto en la faceta de compositor (Sergio Dalma, OBK) como en el terreno de la publicidad, siendo suya la melodía más conocida de la cabecera de Movierecord, fue durante la segunda mitad de los 70 y principios de la siguiente década cuando las producciones de Josep Llobell Oliver precedieron a hits posteriores que inundarían los charts en los años dorados de gasas y lentejuelas. Sonidos que ya se intuía en sus trabajos con la banda Enterprise bajo unas atmósferas más relajantes, germen de lo que décadas después se denominó el Balearic Sound, esculpiendo negritud a base de magníficos arreglos en “Más (More)” de Riz Ortolani o con composiciones propias como “Space Ship To Earth” (ambas pertenecientes al cotizado álbum publicado con el sello Sauce en 1978) o “Sky Lights” (Belter, 1977). Pero es entonces cuando lanza una de las obras magnas de este en cuanto al género se refiere: Oliver’s Planet (Ariola, 1979). En la gran tradición de las disco orquestas, la temática cósmica y futurista inunda todo el larga duración, desde  “Planetarium” a “Cosmic Rain” dos de sus creaciones más elaboradas y sobre la que referencias como Woman (Because Music/Warner, 2016) de la banda francesa Justice han construido sus bases sonoras, directa o indirectamente. Pero, a medio camino entre Giorgio Moroder y Cerrone, la joya de la corona es esta máquina de bailar. Cuerdas trepidantes se alinean con sintetizadores para transportarnos hacia mundos desconocidos por esas fechas y que mostraba lo que Prelude Records, West End o Elektra Records estaban esculpiendo al otro lado del charco. Un par de años más tarde ya se dejaría de sutilezas en todos los sentidos produciendo para Susana Estrada el cotizado LP Amor Y Libertad (Sauce, 1981), erotic groove con letras aperturistas para dar rienda suelta a los deseos más ardientes de cualquier fan de Emanuelle.

Juan Carlos Calderon

JUAN CARLOS CALDERÓN – MR. PIANOFORTE (CBS, 1979)

Sancta sanctorum de la Ibérica Disco. Del autor aquí citado poco más que añadir que no se haya escrito, siendo de obligada lectura tanto su entrevista con Luis Lapuente para Efe Eme (2003) como la realizada para el número 31 de la revista Enlace Funk. Desde delicatesen jazzísticas como Bloque 6 (Hispavox, 1968) o Soleá (CBS, 1978),  hasta grandes temas de espíritu cinematográfico al estilo de “Bandolero” (CBS, 1974)  también pueden sacarnos de dudas respecto a su talento. Pero, no contento con ello, se propuso hacer algo que para algunos puristas resultaba chabacano o verbenero pero que resultó dar unos frutos musicales excelentes. No obstante, fue dejando aperitivos de lo que podía aportar bajo la bola de espejos con esa versión de la represiva “Dies Irae” (CBS, 1974) haciéndonos creer en un apocalipsis con pantalones de campana, igual de interesante que el bíblico cuanto menos. Por ello, cuatro años después y bajo el directo nombre de Disco se sacó de la manga un ídem que bebía de la Philadelphia International Records, o de Heatwave en algunos pasajes, y debería pertenecer al panteón de los clásicos bailables con gemas como “Dame Un Poco De Tu Amor” o “I’m Sick Of This Album” en toda una declaración de intenciones. Tampoco olvidar aquel guiño al giallo italiano llamado “Assasination” que bien podría haber usado Dario Argento para ambientar sus sanguinolentas escenas y que se adelantó tres años a la cavernosa voz de Vincent Price en Thriller (Epic, 1982).  Pero la que se lleva la palma es esta bomba de cinco minutos ideal para mostrar nuestras habilidades en cualquier disciplina gimnástica de la que deseemos presumir tras una promesa de año pretérito. Difícil mantenerse de piedra ante esa línea de bajo reventando junto a un piano tan veloz como irresistible.

Pepe Sanchez

PEPE SÁNCHEZ Y SU ROCK BAND – LOVE ME (MARFER, 1980)

Uno de los tesoros más ocultos de nuestra música que hemos tenido que esperar durante mucho tiempo los menos proclives al coleccionismo o la compra rutinaria. Y ha sido gracias a la reedición por parte del sello leridano Guerssen Records de su primer trabajo Regresión en 2016, donde se han incluido todas las grabaciones que el baterista cordobés publicó para el sello Marfer junto a su Rock Band, que no era más que un nombre genérico para agrupar lo que realmente era un all star de músicos de sesión en la música popular de la época con clara vinculación a la música afroamericana hecha por aquí. Nombres propios que fueron artífices de varios de los álbumes más rompedores de la década. Si no me creen echen un vistazo a los créditos del Gipsy Rock (CBS, 1974) de Las Grecas. Nombres de incontestable calidad que ya han sido mencionados en su mayoría y que en este LP se dedicaron a hacer jazz rock de influencias flamencas. Pero es en los bonus track donde se esconde el motivo de su mención en estas páginas. Porque, poco antes de lanzar Signo de Cáncer (Hispavox, 1980), se publicó un 7’’ de adelanto deudor de su época de grabación. Disco jazz funk donde el saxofón atronador de Manuel Morales y Vlady Bas acompañan a la guitarra de Carlos Villa y los teclados de Eddy Guerin, Manuel Gas, el maestro Eduardo Leiva y Agustín Serrano para sacudir cuerpos con buen gusto auditivo, pudiendo perfectamente haber sonado en cualquier escena bailonga del cine quinqui de moda.

Pablo Abraira

PABLO ABRAIRA – MUÉVETE (CBS, 1981)

Aquí llegamos a una de las grandes sorpresas. Porque a muchos, sobre todo los más añejos, les costará leer entre estas páginas a susodicho cantante teniendo en cuenta que lo suyo eran más bien los aires melódicos y románticos. Pero si rebuscamos entre sus orígenes en bandas como Los Grimm y sus posteriores incursiones en el terreno del rock progresivo la estupefacción va desapareciendo. No olvidemos que las ventas mandan y el encasillamiento musical es un precio a pagar por ello. Pero eso no sería excusa para que en 1981 se colara esta suerte de proto acid jazz entre tanta melosidad y canción de besos no fingidos, supurando de los primerizos Incognito con su Jazz Funk (Ensign, 1981) y del Fantasy (Elektra, 1978) de Aquarian Dream. Y es que el riff de guitarra inicial no hace presagiar lo que se viene encima con unos sintetizadores al más puro estilo D-Train y una letra perfectamente hedonista, ideal para empezar la juerga y dejarse llevar por lo que puedan deparar las horas, sin pensar en el mañana. Groove sin pretensiones en un LP Vida plagado de armonías soul pop a reivindicar y que, sin sentar precedente, se convirtió en una excepción en su currículum, como podemos apreciar en otro llenapistas como “Junto A Ti”. Estrechando más el cerco, el álbum completo se grabó en los estudios Torres Sonido, propiedad del multinstrumentista e ingeniero de sonido Joaquín Torres, dónde también se grabó el anteriormente citado de Calderón u otra bomba repleta de groove como es “Ibiza”, perteneciente al LP homónimo de Ángela Carrasco (Ariola, 1979). Esta canción en concreto está compuesta Jose María Guzmán, fundador de la banda alicantina Cadillac, con un primer disco Funkyllac (Polydor, 1984) en el que podemos ver reflejado a Cameo en esa revisión del Humphrey Bogart más cañí llamada “Arturo”.

Atlanta, More than Funky

ATLANTA – MORE THAN FUNKY (MIO RECORDS, 1984)

Cerramos el círculo con un tema que bien podrían haber firmado Maurice White y sus compinches, los cuales hubieran agradecido esta composición teniendo en cuenta las horas bajas por las que pasaban en aquellos tiempos. Sorprendente la frescura de su producción en el año de realización del álbum, bastante propicio a sonidos más enlatados y superficiales por parte de bandas más consolidadas. Gran parte de la culpa se debía a una sección de vientos verdaderamente colosal aunando los sonidos orgánicos de la década anterior con los electrónicos de la que les tocó vivir. Rara avis musical de la época en gran parte por costes y modas, siendo habitual desde entonces en nuestro país estas circunstancias respecto a aquellas bandas deseosas de practicar groove sin complejos. Así, tras varios años como banda de estudio para el sello Belter y sus filiales a las órdenes del anteriormente mencionado Llobell, se lanzan en solitario en el cotizado album Atlanta (Edi-Master, 1982), bajo la producción de Tullio Tonelli. Banda y productor se encargarían también de los arreglos del larga duración de Los Amaya Ahora (Ariola, 1983) dónde se incluyen himnos de curiosa lírica como “Tranqui” o la rumba nipona “Osinaka”, y de nuestro gran clásico patrio del synth-funk, el tema “Discofobia” (DB Belter, 1984) cantada por la ficha roja Tino y en cuya grabación participan varios miembros de la banda donde se puede comprobar el hermanamiento total del groove setentero con los sonidos más modernos en su punto de sublimación. Un año después graban su segundo LP bajo un oscuro sello italiano de donde extraemos este “More Than Funky”, quizás el mejor tema de su trayectoria, ya casi definitivamente bajo la influencia directa del italo disco que en nuestro país derivaría al “Sonido Sabadell”, subgénero patrio de moda en años venideros y de cuyos patrones rítmicos y sonoros estaría fuertemente trufado el tercer y último larga duración de la banda, Pulse To Pulse (Blanco y Negro, 1986).


Sirva como cierre de lo aquí mostrado el hecho de que la lista de canciones mencionadas, y por ende la sesión que la acompaña, no es más que una marisma dentro del océano de LPs, singles y maxis publicados en nuestro país que podrían entrar en el género. O quizás no. Todo dependerá del oído de cada cuál para añadir ésta o aquélla canción en el mismo cazo, sean cual sean los ingredientes. Otro problema es la dificultad para conocer a sus autores reales, en muchos casos resultado de la jungla de grabaciones con tirada limitada, la falta de acreditación de los músicos participantes o los diversos alias con que se hacían acompañar algunos de los cabecillas de dichos proyectos, complicando cualquier investigación en la asociación de productores, cantantes o bandas concretas con una evolución del género. Esto hace el trabajo más arduo para cualquier aficionado que quiera profundizar en esta música aunque también más interesante a la hora de obtener resultados, fruto en muchos casos de una suma imperfecta de casualidad y constancia. Por tanto, este repaso de temas bailables no debe verse como un grial al que agarrase sin remisión sino más bien como una recopilación moldeable al gusto del conocedor más curioso. Una guía para que otros continúen descubriendo las muchas joyas que la música grabada por estos lares nos puede ofrecer aún al precio de la cerveza más casposa. Por último, también indicar que estos descubrimientos siempre han venido de la mano de otros que han peleado entre cubetas y dedos mugrientos para hacernos descubrir estos sonidos. Por ello, este reportaje no habría sido posible sin la labor de nombres como Txarly Brown (Achilifunk), Don Sicalíptico (blog Estudio del Sonido Snob), Sace 2 (Microciudad Recordings), DJ Kigo (blog Desparrame), Miguelito Superstar y Lalo López (Fundación Tony Manero) o Kyle Farmer (Funk The Rumba), entre otros. A partir de aquí, os queda a vosotros seguir difundiendo la palabra.


IBÉRICA DISCO – SESIÓN
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