Festival de les Arts, pequeñas iluminaciones en Valencia

El Festival de les Arts de Valencia se está empezando a consolidar en la ciudad como una muestra de buena música, a pesar de que este año los cabezas de cartel fueron desplazados por bandas más pequeñas e interesantes.

Los pasados 10 y 11 de junio se celebró en Valencia el segundo Festival de les Arts. La Ciudad de las Artes y las Ciencias, uno de los más conspicuos ejemplos del despilfarro de dinero público y no obstante las prevenciones estéticas y morales que suscita, constituye un marco incomparable para eventos de estas características. Su fotogenia es indiscutible. Y le sobra espacio para albergar a los cerca de 40000 asistentes, cuya edad media, por cierto, rondaba la treintena —menudeaban las familias con hijos, de hecho—, lo cual parece redundar en unos estándares de calidad y confort no tan acostumbrados en el mundillo como sería deseable. Sumándole la agradable temperatura de primavera reventona que nos ha acompañado, la verdad es que el de les Arts más parece un parque temático que un festival al uso. El envoltorio es definitivamente inmejorable. En cuanto al contenido, ese ya es otro cantar.

La jornada del viernes 10 decepcionó a más de uno. En el escenario principal, The Dandy Warhols, con su intrascendente rock de anuncio de telefonía móvil, precedieron a Love of Lesbian, gran reclamo de la jornada. Una apretada multitud fue testigo de que se les está poniendo culo de viejas glorias. Y no sé hasta qué punto un festival es el lugar idóneo para marcarse un concierto tan —digamos que— para iniciados. Una actitud cuando menos elitista, para una actuación, encima, bastante aburrida. Les siguió otro grupo de cuña publicitaria, los escoceses The Fratellis. Tan noventeros que nacieron anticuados, tal vez hubieran dado para un tema de relleno en el Generation Next. O no, ni siquiera eso.

Festival de les Arts es una iniciativa francamente loable (…) Bienvenido.Bien hallado.

Sensaciones infinitamente más positivas dejó Izal al día siguiente, y en horario mucho menos agradecido. No cabe duda de que los madrileños ocupan en el corazoncito del moderneo patrio el lugar que, en su día, hace cinco o seis años, tuviera reservado Vetusta Morla. Esperemos que el favor popular no les dure tan poco. Funciones como la que ofrecieron en Valencia son una prueba de que a ese respecto van por buen camino. Cierto que no arriesgaron gran cosa con el set list, pero esa debería ser la idea, ¿no? Gente coreando tus canciones más conocidas. La humildad es un producto de tan pronta caducidad… Derrochando fuerza y sentido del espectáculo se confirmaron como el único de los grupos del cartel con trazas de llenaestadios. Y cuentan con la imponente presencia de Mikel Izal. Dos metros de carisma y cuidado desaliño a lo Dave Grohl. Así cualquiera.

Sin tanto físico —pero con su propio parecido razonable también él, en su caso a un Jonathan Rhys Meyers de cabello oxigenado—, Alberto Jiménez, de Miss Caffeina, lo compensó con creces merced a una actuación de gran energía en la otra cita importante de la jornada, y a horas aún menos lucidas que Izal, a quienes antecedieron. Si bien los elementos electrónicos de su último trabajo a mí me retrotraen a OBK— lo cual es cualquier cosa menos refrescante—, éstos no conllevaron menoscabo alguno para el sano dinamismo del conjunto.

miss caffeina

Miss Caffeina, más techno pop que nunca.

Todavía antes, a las cinco de la tarde, había intervenido Zahara. Porque la siesta hay que respetarla, con festival o sin él. Ejemplo de savoir faire por parte de la organización.

Hurts siguió a los fuegos artificiales con que Izal puso el broche de oro a su colorista y sobresaliente actuación. Las ínfulas New Romantic de que se reviste el dúo británico no ocultan su verdadera naturaleza, a caballo entre una gala de Operación Triunfo y una verbena de fiestas patronales, eso sí, de caché.

Hasta aquí, y sin ningún ánimo de exhaustividad, lo acontecido en la pomada del festival, el escenario Negrita, sito en el lago central de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, vaciado de agua al efecto.

Veamos ahora muy brevemente lo que se coció en los otros dos escenarios. El que patrocinaba la marca de calzado Coolway albergó una cuota notable de tedio progresivo cuyas tinieblas apenas si alcanzó a iluminar el pub rock de los irlandeses The Strypes. En cuanto al esponsorizado por los lácteos Kaiku, exiliado junto al polémico e inconcluso edificio del Ágora, presentaba una naturaleza mucho más lúdica. Buena muestra de ello es que el estanque donde se ubicaba no había sido drenado, lo que conllevó un festivo florilegio de chapoteos, resbalones y ahogadillas que hizo las delicias de su no muy nutrida concurrencia. Todo apunta a que, por su parte, las farmacias locales van a hacer el agosto con la venta de fungicidas.

En fin, con sus aciertos y sus errores y su cartel —al que muchos reclaman nombres de más relumbrón—, el Festival de les Arts es una iniciativa francamente loable. Junto a otras, puede ser de gran ayuda para sacar a esta ciudad de un provincianismo cultural que no se merece. Tras dos ediciones, y a la vista del tremendo éxito de público, puede afirmarse que Valencia tiene su festival. Bienvenido. Bien hallado.

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