Los monstruos clásicos y Penny dreadful: filosofía y feminismo

Penny dreadful, cancelada hace algunas semanas atrás por Showtime, nos entregaba una visión fresca del horror clásico y dosis de reflexión acerca de los monstruos que todos llevamos dentro.

“… Eso es lo que supimos en nuestra casa porque nos dormimos temprano. A medianoche se apareció nuestra tía en la puerta con una lámpara de parafina diciendo que su primo había salido de su casa a oscuras, no había vuelto y quería saber si estaba aquí con nosotros. La hicimos pasar, le dimos un té porque tenía frío a pesar de que era verano y le dijimos que mi papá andaba con su primo, que hacía un par de horas que lo había venido a buscar.”

”La tía conversó un buen rato, nos contó cómo había sido su vida, nos repitió varias veces que nos quería y, cuando golpearon la puerta, nos dijo que no confiáramos en su primo. Cuando abrimos mi papá nos abrazó y entre lágrimas nos dijo que nuestra tía se había quedado encerrada en la fábrica de hielo y que su primo la había encontrado muerta…”

Brona (…) es de un feminismo crudo y salvaje en su sentido más revolucionario

Penny dreadful –literalmente “penique terrible”- era un término peyorativo para la literatura popular de folletín del siglo XIX, que jugaba con los géneros literarios del misterio, el melodrama, el horror, etc, y desde donde nacieron algunos personajes peculiares como Sweeny Todd -inspiración para la película de Tim Burton de 2007- y Spring-heeled Jack, una figura demoniaca y pervertida, que extrañamente mutó a justiciero a principios del siglo XX.

springheeled19.04

“Sea hombre o demonio, parece poseer el don de volar…”, dice al pie de la imagen.

Penny dreadful –ahora sí, la serie- tiene muchas de estas características. Protagonizada por personajes y monstruos de historias clásicas que se encuentran en un limbo entre el bien y el mal, donde sus actos deciden de que lado están, más allá de lo que ellos crean o de su propio sufrimiento. Así aparece el hombre lobo, el Dr. Frankenstein y su criatura, Dorian Grey y Drácula, que coinciden alrededor de Vanessa Ives.

La serie, sin embargo, no toma del folletín ni su forma ni su contenido, aunque sí mantiene un ambiente similar: la distorsión sensacionalista del relato –que rompe incluso su propia verosimilitud y lo se transforma en algo kitsch o camp-, con un romanticismo remarcado por las frases y escenas clichés, que al mismo tiempo que rinde tributo al cine clásico de terror de la RKO y la Hammer –productoras de terror del cine clásico- y a la literatura popular romántica, gótica y de terror, hoy clásicos: E. A. Poe, Mary Wollstonecraft Shelley, Bram Stoker, Robert Louis Stevenson, Oscar Wilde, H.P. Lovecraft, Arthur Conan Doyle, etc.

Con todo, uno de los aspectos más relevantes pasa por el giro que toman esos monstruos con respecto a los clásicos –de la literatura o de Hollywood– y las implicancias sociales y humanas que los personajes representan a través de escenas alegóricas, sacadas del mejor costumbrismo decimonónico y de principios del siglo XX –donde está ambientada la acción- y los diálogos que, si obviamos los clichés, son muy reflexivos.

No es difícil notar que el inicio de la primera temporada está inspirado argumentalmente en Drácula (1897) de Bram Stoker, así como en sus personajes Drácula, Mina Murray –su nombre de soltera en el libro-, y su mejor amiga, que en el libro será Lucy Westenra, Vanessa Ives en la serie. Mr. Renfield también aparece y cumple un rol similar al del libro, pero en general la trama está más cerca del comic de Moore y O’Neill, The League of the extraordinary gentlemen (1999), que de la literatura popular decimonónica.

liga

“Mr. A Quatermain, Miss W. Murray, Captain Nemo, Mr. H. Griffin, Dr. H. Jekyll, Mr. E. Hyde – 1898”

El resto de los personajes también han sido sacados de sus obras originales, pero actualizados, pervirtiéndolos ligeramente para que se adapten al discurso contemporáneo por más que vivan en “su propia” época y manteniendo, al mismo tiempo, buena parte de lo que son en las obras.

la sociedad moderna como un acuerdo en el que todos debemos ser “normales”(…), sin espacio para la diferencia o la disidencia

Así se recupera al Dr. Frankenstein, joven, y a su criatura de la misma manera que lo hace la película Mary Shelley’s Frankenstein (1994), donde el monstruo nunca se llamó Frankenstein, ni tuvo cabeza cuadrada, ni bornes e el cuello.

El hombre lobo, por otro lado, es una leyenda popular que tiene versiones tan antiguas como aquella que aparece en el Satiricón de Petronio (61 D.C.), pero en esta serie está más emparentado con el cuento The werwolves (1898) de Henry Beaugrand, y con el maquillaje de The wolf man (1941) -mejorado en Frankenstein meets the wolf man (1943)- y del videoclip de Thriller (1983) de Michael Jackson.

Pero lo realmente atrayente son las figuras y discusos de Vanesa Ives, Dr. Frankenstein, Brona Croft y Dorian Grey. Así, el Dr. Frankenstein encarna en la historia al hombre crea a partir de la estructura más racional de nuestra humanidad, cuestión que entrará en lucha con los sentimientos hacia sus creaciones, reflexiones también extraídas de filósofos de la talla de Nietszche, Hanna Arendt o Walter Benjamín. Y en este sentido, Dorian es mucho más nihilista, hedonista, manipulador y cínico que en el original, criticando con su figura los males del individualismo y la falta de pasión contemporáneas, la abulia y el aburrimiento.

Pero quienes se roban la serie son los discursos feministas de Vanessa –Eva Green– y de Brona –Billie Piper-. La primera de ellas con un discurso cercano al estereotipo protestante de la mujer independiente y empoderada, tratada de bruja, perseguida, humillada y muerta en la hoguera –el catolicismo tuvo la inquisición, con Torquemada a la cabeza-, pero que en la trama, a pesar de su fuerza e inteligencia, termina volviendo al personaje de damisela en apuros.

Brona, por el contrario, es de un feminismo crudo y salvaje en su sentido más pasional,  nacido de los dolores provocados por un mundo machista e injusto, en el que busca revolución y justicia -¿venganza?-. Su personaje refleja toda la filosofía de género que nace de la reflexión de Michael Foucault principalmente, a través de la idea de la sociedad moderna como un acuerdo en el que todos debemos ser “normales”, como lo dicta la sociedad judeocristiana occidental, blanca y creyente, y sin espacio para la diferencia o la disidencia, y donde también observamos el poder del estado y la sociedad ejercido sobre los débiles.

Suscríbete a la newsletter

Recibe las últimas novedades de Walskium Magazine en tu email.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.