La Sombra

La Sombra

Este es el esperado relato ganador de nuestro III Certamen Walskium de Microrrelato de Terror y Fantástico. Su autora, Elena Pahl, natural de Río Cuarto (Córdoba), Argentina, es escritora y narradora oral con varios libros en su haber: Cielito y Cielo; La máscara rota; Balcones e interiores y El revés de los días. Desde Walskium Magazine le damos la enhorabuena a Elena y os dejamos con este gran relato, La Sombra.

La Sombra
Por Elena Pahl

Siempre fuimos muy unidas, siempre juntas desde la más tierna infancia, compartiendo asombros y descubrimientos. Ella, con su vocecita clara de campanillas de cristal. Yo, casi casi como su duplicación. Donde iba ella, también iba yo: al zoológico, al parque, a las plazas, al Jardín de Infantes y más tarde al Colegio del Huerto, hasta el séptimo grado.

Concluidos los estudios primarios, como en un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. Ya no jugábamos a las escondidas, ni a la mancha, ni a las estatuas. Aquellos increíbles, mágicos años, donde la risa porque sí echaba a volar junto a los pájaros, se volvieron aroma y regusto de azahares y manzanas. Sin darnos cuenta habíamos crecido, dejando atrás inolvidables momentos, que alimentaron los recuerdos. Y nos ganó la nostalgia de otra ronda, de otro secreto compartido.

A partir de entonces todo fue un torbellino, nueva escuela, nuevos amigos, la fiesta de los quince, los tacones altos que nos hacían trastabillar. Los días, un soplo; la vida, primavera, hasta que apareció él, ese amor que me la arrebató sin aviso, dejándome malherida a merced de lo más profundo de las noches, que me absorbían, me deglutían. Intenté interponerme entre los dos pero no pude, ni siquiera la complicidad de una luna llena que triplicó mi estatura, pudo desanudar su abrazo.

Me encegueció el dolor y llena de ira, hice lo que jamás hubiera querido hacer. La aceché como las fieras lo hacen con sus presas. Pacientemente aguardé el momento preciso para atacar. Fue un domingo, era invierno, ella dormía una siesta después del almuerzo. El sol entraba por la ventana entibiando la habitación, proyectándome sobre una de las paredes. Sin pensarlo dos veces me metí en su cama. No me sintió, no me detectó, el sigilo siempre ha sido mi aliado. Su respiración era música para mis oídos, su piel, caricia de rosas y de seda. La abracé con desesperación, me introduje dentro de su cuerpo, le devoré la memoria, los pensamientos, la dejé en blanco, en una burbuja, un limbo sin retorno, pero mía. ¡Definitivamente mía!

Nos internaron en una clínica psiquiátrica que tiene un hermoso parque lleno de flores. Todos los días nos sacan a respirar el saludable aire de las mañanas. Ella descuelga jirones de cielo y los guarda en sus ojos, mientras que yo, hago tratos con el sol que me ayuda a dibujarla en el césped, o junto a la fuente donde conversan alegres chorros de agua. Le soplo los cabellos, le hago cosquillas y ella, gira, danza, ríe, con su risa niña de campanillas de cristal.

Los doctores piensan que son actos reflejos, provocados quizás, por la medicación que le suministran; pero no, soy yo, su sombra, quien la despeina, la mueve y juega con ella, como cuando éramos muy pequeñas, y felices e inocentes cantábamos. “A la rueda y ronda/ de la niña hermosa/ que tiene una sombra/ de azúcar quemada/dormida en su espalda”…


Relato de Elena Pahl

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