La Isla de la Última Verdad: ¿Identidad construida o destruida?

walskium, literatura

Navegar quiere decir saber dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Por eso quizá, es más difícil navegar que vivir. – Flavia Company, La Isla de la Última Verdad.

Así empieza la sinopsis de una pequeña novela en alguna librería Cervantes del oriente. Abres la solapa interior para conocer un poco más de la escritora, Flavia Company… Argentina… Profesora de Creación Literaria en Barcelona… Finalista premio Rómulo Gallegos 1997… Navegante…”

Y ahí sabes que esas ciento y tantas hojas se han ganado tu atención.

La Isla de la Última Verdad trata de la historia de Matthew Prendel, un médico americano que naufraga en una isla junto a un hombre desconfiado y misterioso: Nelson Souza. El misterio parte de la autoritaria decisión de Nelson de dividir la Isla en dos y decidir su fecha de escape. Souza controla cada movimiento de Prendel; por lo que, si el médico decidiera emitir alguna señal de vida para ser rescatado, Souza lo mataría. Prendel rápidamente pierde noción del tiempo, y termina por reformularse una serie de ideas que nunca hubiera imaginado: ¿Para que vivimos? ¿Qué tanto nos importa el otro en una cuestión de supervivencia? ¿Somos capaces de mantener nuestra identidad en todo momento? ¿Amamos, de verdad?

Flavia Company. Foto de Miri García.

Flavia Company. Foto de Miri García.

La escritora nos seduce con destellos de Conrad introduciéndolo como parte del simbolismo clave en el desarrollo del libro. A su vez, despierta una sentida necesidad en el lector de reflexionar y considerar temáticas relevantes en la sociedad actual. Quizás una de las más intrigantes a tratar es el tema de la identidad.

La identidad, en las ciencias sociales, está compuesta de elementos idiosincráticos que distinguen a una persona de otra. En años recientes, este término ha sido usado ampliamente en la narrativa para formar o destruir la construcción social del individuo. Al indagar en el perfil del protagonista, Matthew Prendel, se consiguen elementos endémicos a un proceso destructivo: Viudo a causa de un suicidio, hijo de un padre cuyo único deseo era no morir solo, naufragio producto de su testarudez que costó la vida de sus dos mejores amigos.

No es sorprendente, entonces, conocer la transformación de Prendel, de un individuo de altura y clase a un sujeto desatado por la curiosidad, la supervivencia y en cierto momento, la locura. En un punto pasivo de la narrativa, el libro asemeja el principio de selección natural que explica que la supervivencia favorecerá al individuo mejor adaptado.

… asemeja el principio de selección natural que explica que la supervivencia favorecerá al individuo mejor adaptado.

Entonces, ¿cómo se relaciona esto con el proceso de identidad actual?

El efecto del mundo globalizado es innegable. El individuo está expuesto a un proceso marginalizo del sistema, lo que le lleva a desarrollar su vida – incluso, a predeterminar su destino – en el futuro elegido para cada uno. Es claro, como en el caso de Prendel, que cuando esta predeterminación se derrumba entonces la identidad social se destruye. Por supuesto que para Prendel, su proceso es absoluto e irreversible: Cuando finalmente llega la hora de partir de la isla el personaje ha sufrido una transformación completa de su identidad.

Años después, Prendel ya no es el mismo hombre adjudicado a su destino, más bien, se ha convertido en un individuo cuyo único motor se alimenta de la supervivencia y el interés (O eso nos hace creer la escritora, pues Company destaca en su narrativa los elementos radicales y sorpresivos). 

Entonces, empezamos a considerar las interrogantes. Como…. Si tenemos que trabajar eternamente para conseguir lo que ultimadamente nos hará seres felices y completos, o si lo necesario podría ser encontrado en una isla desierta. Si la convivencia nos une por sentimiento construido o por interés propio. Si  somos lo que somos por autodeterminación o por un proceso de imposición social que la mayoría desconoce.  Todo es cuestionable.

Estas 136 páginas, por lo mínimo, lograrán adjudicar al lector como un pensador, y brindarle la oportunidad de profundizar en el concepto del mundo como una construcción de banalidades y trivialidades que, desafiadas, tienen el maravilloso – o desafortunado – poder de cambiarnos, construirnos, y ultimadamente, decirnos cual es la última verdad.

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