El Extranjero: Vida y muerte como expresión de sentido

Albert Camus, El extranjero

La vida como un continuo ininterrumpido de puntos que forman el día a día de cada individuo, está trazada invariablemente por la experiencia humana, la cual a fin de cuentas se compone de aspectos que aunque parezcan sencillos, son precisamente los que permiten al ser humano dotar de sentido su propia existencia y la vida misma en general.

Dentro de este conjunto de experiencias cabe destacar, el amor, la enfermedad, la vejez, la muerte, la rutina en la cual todas estas cosas suceden. Como quiera que sea la obra del filósofo Albert Camus, titulada el Extranjero, logra sintetizar un sinnúmero de elementos que al final a través de un marco narrativo dan cuenta de aquello que con acierto se denomina vida y lo curioso de este caso en particular, es que la obra del autor se sirve de un elemento antagónico para desarrollar una historia y a la par que esto ocurre, formular una visión más o menos extraña de la realidad en la que tal vez a través de los personajes y las micro-historias que gradualmente se van desarrollando, dejan traslucir tal vez la corriente de pensamiento de Camus.

Para empezar por el final, resulta supremamente llamativo que el fallo del jurado en relación con la situación legal del protagonista Mersault, sea la pena capital. Ya que justamente es la inminencia de la muerte la que permite desdoblar en el protagonista una serie de reflexiones profundas sobre la naturaleza de la existencia individual. Vida y muerte son representadas de forma peculiar en esta obra y el relato que allí tiene lugar, como parte de un proceso inevitable en el que a todos se nos va eso que denominamos existencia. Con lo cual, lo que resulta dentro del proceso de vivir mismo no es tanto el reconocimiento de un propósito o de propósitos, sino para decirlo en los términos del propio señor Mersault, cuando está recluido en su celda, esperando a ser ejecutado, que la vida como tal es absurda en sí misma.

Albert Camus, El estranjero

Albert Camus fumando espera.

Si se atiende entonces con atención, a los diálogos presentes en el Extranjero, se podrá atender, al hecho de que el sentido de la vida tanto individual como colectiva solo puede ser otorgada a través de una indiferencia, que pese a que puede llegar a rayar con la insensibilidad, es la que le permite al sujeto de la obra; en este caso representado por Mersault, disociarse y separarse del mundo, para ver tanto los acontecimientos de este, como los personajes que surgen con una mirada realmente critica, en el que se reconoce, que la vida es absurda en sí misma y que por ello, “se juega a comenzar sobre el final de la vida”.

Esta última frase, como expresión de los pensamientos de Mersault desde su encierro, se torna altamente reveladora, toda vez que invita a repensar la existencia como un juego de opuestos, en el que ante la inevitable incertidumbre del porvenir  o de aquello que se afirma como futuro, el hombre trata de reinventarse y en el proceso, descubre, que el paso mismo del tiempo es una invitación a la muerte, una invitación, hacia lo inevitable done la extinción total y definitiva de esta tierra, depara  y aguarda como lo único cierto a todos por igual.

Más que revelarse la condición mortal, el extranjero, en un contexto más amplio, es cualquier ser humano o más bien cualquier individuo, alguien que se ha apartado lo suficiente de aquello que lo conecta con su humanidad y por consiguiente, de todos los demás. Es una persona que ya no es más varios o todos o un colectivo, sino alguien, que se ha hecho individual y en dicho proceso, ha experimentado las diferentes escalas de aquello que implica ser humano, tales como: la necesidad de amar, el sexo, las ideas sobre dios, la muerte a través de aquellos que mueren primero y luego la propia muerte, encarada como algo incierto y que deviene en un total misterio.

Así pues la angustia de Mersault, no es la muerte de su madre, no es el abandono de quienes consideraba cercanos, ni mucho menos el posible olvido de su amada María Cardona, tras su ejecución. Su angustia tampoco proviene de su indiferencia ante la finalidad o la idea de un Dios en el sentido más tradicional. Su malestar procede de su incapacidad para interpretar la forma tan extraña en que cada quien a su manera justifica su vida y la de los demás. Vida y muerte son objetos en los que el tiempo como una flecha impecable; atraviesa la existencia y al hacerlo vuelven a aquel que logra experimentarlos de primera mano, convirtiéndole en un extraño, un ser foráneo, o mejor aún, le vuelven un extranjero ante los ojos de los demás.

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