Entrevistas en El Más Allá

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Llega una nueva entrega de “Entrevistas en El más allá”. En ellas utilizamos todos nuestros recursos ocultos y misteriosos para contactar con las figuras más relevantes de la historia de la humanidad.

Hoy estamos con el físico alemán Albert Einstein que, con motivo del aniversario de su nacimiento, nos cuenta cosas de su vida y nos descubre otras.


Ante todo, agradecerle, señor Einstein, que nos conceda esta entrevista.

Albert Einstein: Al contrario, es para mí un grato honor participar en un magazine tan comprometido con el arte, la ciencia y la tecnología como Walskium.

Pues pónganos en situación y cuéntenos acerca de sus padres y su infancia.

A.E.: Pauline Koch, mi madre, se casó con Hermann Einstein, mi padre, y el 14 de marzo de 1879, vine al mundo. Ambos eran judíos y vivían en Suabia. De ella heredé la perseverancia, la paciencia y el amor por la música. Me enseñó a tocar el violín, una de mis pasiones. De mi padre dicen que tengo su amabilidad. Pero hay alguien muy especial para mí y que tuvo una influencia enorme en mi desarrollo intelectual y en mi interés por la ciencia, mis lecturas…mi querido tío Jacob, hermano de mi padre. Fue una persona vivaz, emprendedora y que contagiaba su entusiasmo a mi padre, -y a mí, posteriormente- en empresas que no siempre salían como él esperaba, aunque esto no le detenía para comenzar otro nuevo proyecto.
Respecto a mi infancia, tuve cierto retraso; hasta casi los 9 años no pude hablar bien y esto me hizo retraerme y no querer jugar con los niños de mi edad, excepto con Maya, mi dulce aunque vivaracha hermanita. Es curioso, pero este retraso del que yo era consciente, hizo plantearme durante toda mi vida la relación espacio-tiempo tan importante en mis trabajos como la Teoría de la Relatividad y en mi existencia, hasta el final.

¿Es cierto que a los 15 años un profesor le dijo “que jamás conseguiría nada” y que “su sola presencia en clase minaba el respeto que se le debía”? porque, me parece muy fuerte.

A.E.: Si, bueno, creo que me tenía manía. (risas)

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Einstein muy atento a las preguntas de Walskium Magazine.

Nos gustaría saber de dónde viene el bulo de que sacaba muy malas notas en matemáticas, porque, francamente, esto era un gran consuelo para mí cuando iba al colegio.

A.E.: Pues la confusión viene, creo yo, de diferentes métodos de calificación escolar. Yo saqué 6 en Álgebra, Trigonometría, Física, Geometría y Geometría Analítica, y eso en Suiza, es la mejor nota, pero en Alemania…¡es la más baja!, supongo que de ahí el error. Lo siento por ti. (amplia y pícara sonrisa)

Sabemos que en 1905 y mientras trabajaba en la Oficina de Patentes en Berna, ya publicó su Teoría de la Relatividad, la famosa E=mc2 que sentó las bases de la Mecánica Cuántica y de la Física Estadística y en 1915 concluyó su Teoría General. ¿Era consciente de la revolución científica que estaba creando?

A.E.:Bueno, sabía que estaba trabajando en algo sin precedentes, como mis estudios sobre la Física Teórica, el Efecto Fotoeléctrico y el Movimiento Browniano por los que recibí el Nobel en 1921.

Creo que ha sido usted bastante contradictorio en muchos aspectos de su vida, por ejemplo, por un lado se erigía un gran pacifista y antibelicista y luego…crea la Bomba Atómica. ¿Qué sentido tiene?

A.E.: Mire, me alegro mucho de poder contestar a esta pregunta. Toda mi vida he llevado sobre mí lo de ser “El padre de la Bomba Atómica”. En primer lugar yo no inventé la fisión del núcleo con esos fines, y segundo, viendo crecer el nazismo a pasos agigantados, unos colegas me hicieron ver qué pasaría si los alemanes obtuvieran la bomba y la usaran para borrarnos de la faz de la Tierra, y entonces escribí al presidente Roosevelt para exponérselo. Hubiera sido bonito darle al Führer un “zas, en toda la boca” como diría Sheldon Cooper –me cae bien ese chiquillo y sus amigos; sí, no me pierdo un capítulo de Big Bang Theory – Pero, volviendo al tema, también tras los ataques de Hiroshima y Nagasaki, apelé a gobiernos y Naciones Unidas que no se usara jamás y que se destruyera para salvaguardar la paz. Todos se negaron y …hoy en día, ya veis en que manos anda aquí y allá; menudo peligro. Menos mal que las guerras bactereológicas no me son atribuídas. De cualquier modo creo que tarde o temprano el Hombre se autodestruirá. Como dije en cierta ocasión “Hay dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.

Pues me voy a permitir concluir esta entrevista con otra frase suya que, para los tiempos que corren, nos viene al pelo. Dice:

En los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.

Gracias señor Einstein y hasta siempre.

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