Utopía y distopía: ese maldito amor por la humanidad

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Expresionismo abstracto

Desde la antigüedad filósofos y escritores nos prometieron un futuro brillante para la humanidad, pero desde hace poco más de un siglo se nos ha advertido que también nuestras peores pesadillas podrían hacerse realidad.

Estamos en el futuro, o al menos así lo parece.

Muchas de las predicciones tecnológicas y sociales que habían hecho películas como Metrópolis (1927) de Lang o libros como Fahrenheit 451 (1953) de Bradbury, han comenzado a cumplirse hace algunas décadas. Otras como las propuestas en la trilogía Back to the Future o 2001: A Space Odissey (1969), aun no se cumplen, pero tampoco parecen improbables.

Por el contrario, la última temporada de Black Mirror se ha transformado no ya en una proyección cercana de nuestro futuro, sino en cosas que están ocurriendo hoy a través de las redes sociales, como en el capítulo “Nosedive”; el hackeo a nuestra intimidad como en “Shut up and dance” –aunque con un sentido justiciero-; o las referencias a la experiencia virtual que propone Second Life en los capítulos de “San Junipero” o “Playtest”. La distopia que propone esta temporada es hoy.

Estas visiones de lo que somos o que podemos ser ya las planteaba Platón en La República hace alrededor de 2400 años atrás, proponiendo una forma ideal en la que los seres humanos se podían organizar y convivir en armonía, como también lo hizo varios siglos después Tomás Moro en su obra Utopía, publicada solo un año después que la segunda parte de Don Quijote, en 1516, en donde se explica la forma ideal en la que deben vivir los hombres.

utopía, tomas moro.

Ésta es la geografía de la isla imaginaria de Tomas Moro, Utopía.

En esta última obra se acuña el término Utopía proveniente del prefijo griego οὐ (ou) que significa “no” y τόπος (tópos) que significa “lugar”, por tanto es un no-lugar, o más bien, y a lo que hace referencia Moro, a un lugar ideal que no existe en la tierra sino en una isla imaginaria en la que el escritor desarrolla su obra.

Estas obras proporcionan una alegoría para la superación de los males de la sociedad en una proyección de una humanidad ideal. Este tipo de proyecciones, sumadas al movimiento ilustrado del siglo XVIII, el racionalismo y la filosofía positivista son los que influenciaron las primeras incursiones literarias en la ciencia ficción con precursores como Julio Verne, con obras como De la tierra a la luna (1865) o 20.000 leguas de viaje submarino (1869); o H. G. Wells con obras como La máquina del tiempo (1895) o La guerra de los mundos (1898).

Por otro lado, hacia 1868 el filósofo John Stuart Mill propone una visión más oscura del futuro de la humanidad dando origen al término distopía, que nace de la anteposición del prefijo negativo griego δυσ- (dis-) a tópos, y que por tanto pretende ser la oposición a la utopía, es decir, un lugar en el cual la humanidad o su sociedad se ha degradado por oposición a la moral de la época en la que se encuentran.

john stuart mill, distopía

John Stuart Mill propuso esa alternativa oscura a la utopía de Moro, la distopía.

De este modo, utopía y distopía son formas de advertencia de lo que está mal en la sociedad de cada época y sus respectivas proyecciones. La primera en un sentido positivo que puede verse en obras como la saga Fundación de Isaac Asimov o Úrsula Le Guin con La mano izquierda de la oscuridad (1969). Y en sentido negativo la segunda con obras como Un mundo Feliz (1932) de Aldous Huxley y buena parte de la obra de Philip K. Dick, como la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas o cuentos como “Podemos recordarlo a usted al por mayor” o “El informe de la minoría”, adaptadas al cine como Blade Runner (1982), Total Recall (1990/2012) y Minority Report (2002) respectivamente. Así buena parte de las obras de ciencia ficción se basan en esas proyecciones futuras, transformándose al mismo tiempo en verdaderas fábulas de los males de las sociedades de su época.

Ursula Le Guin, autora de 'La mano izquierda de la oscuridad'. Una visión utópica del futuro de la humanidad.

Ursula Le Guin, autora de ‘La mano izquierda de la oscuridad’. Una visión utópica del futuro de la humanidad.

También funcionan así películas como A Clockwork Orange (1971), Gattaca (1997), Soylent Green (1973) –Soylent estuvo realmente a la venta durante el año pasado-, la trilogía Matrix y la franquicia Mad Max, entre otras y junto a las ya mencionadas.

Si ampliamos la lista podemos incluir series como Star Trek; manga o animación como Akira, Ghost in the Shell o Aeon Flux; novelas gráficas y cómic como V for Vendetta –y su adaptación al cine- o Y: the last man, entre tantos otros productos culturales.

En estas obras los directores, guionistas, filósofos y escritores pretenden advertir a la humanidad de la sociedad en la que vivimos y proponen visiones de lo que podría ser el futuro para bien o mal. Pero es imposible advertir del desastre o mejorar la humanidad si sus visiones son constantemente ignoradas, pervertidas o mal entendidas sobre la base de una mala comprensión, mala educación o fines exclusivamente económicos y tecnocráticos.

Si fuéramos nihilistas activos podríamos pensar que es mejor llegar a la distopia y que la humanidad se destruyera en su totalidad o que renaciera desde sus cenizas; en cambio estos creadores y pensadores siguen teniendo un maldito amor por la humanidad que los lleva a prevenirnos de nuestros propios males y los venideros, que quizás ahora sí queramos escuchar a causa del contexto mundial. Puede que de ahí provenga el reciente éxito de ventas de la novela 1984 de George Orwell en Estados Unidos, junto a la exhaustiva revisión de Los orígenes del totalitarismo de la filósofa alemana Hannah Arendt, obra que dejamos además a disposición de vosotros, para explicar el reciente ascenso de Trump.

Esperemos que la cuenta final sea una utopía a medias que una distopía total. Tengamos fe en la humanidad.

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