Hollywood Maldito: Entrevista a Jesús Palacios

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Jesús Palacios asediado por los pájaros (tal vez los de Hitchcock) que vuelan al Lado Oscuro. Ilustración por Javier Rubín.

Nos asomamos al Lado Oscuro de la cultura en compañía de un periodista y escritor que desde siempre ha impulsado y apoyado el cine de género fantástico, esotérico y sobre todo macabro. Jesús Palacios estrena Hollywood Maldito  (Valdemar, 2014) y en Walskium Magazine no hemos desaprovechado la oportunidad de charlar con el que posiblemente sea el escritor y crítico más especializado en cine de género de nuestro país.

Hollywood Maldito, Jesús PalaciosCorría el año 1996 y como cada medio día, me dirigía a Alcalá Cómics a curiosear y deleitarme con el material que destilaba Fernando por sus estanterías. Fue precisamente allí, en uno de esos anaqueles, entre Clive Barker y el suplemento Fragmentos de Terror de La Llamada donde me encontré por primera vez con Jesús Palacios (Madrid , España, 1964). Bueno, concretamente con uno de sus primeros libros: Planeta Zombi (Serie b. Midons, 1996). Lo que sus páginas ofrecían era oro puro sobre todo para jóvenes descarriados ávidos de material que expandiese el universo de las películas de serie B (y no tan B) que era nuestro mundo. Inmediatamente supe que este autor nos traería más de una alegría a los adeptos del género.

Casi veinte años después de ese encuentro en una estantería, Jesús Palacios se ha consolidado como una de las máximas autoridades en lo que a cine y literatura de género se refiere, con más de 20 publicaciones a sus espaldas. Sus críticas cinematográficas se pasean por multitud de medios de tirada nacional y su presencia es requerida en cualquier evento de género que se precie.

Hablamos con él sobre su vida, la industria cinematográfica en España y, como no, de su nuevo libro recién publicado por Valdemar; Hollywood Maldito.


W.M.: Cuéntanos cómo nace tu entusiasmo por todo lo oscuro, lo escondido, lo misterioso.

J.P.: No puedo recordar algún momento en que no me interesara el mundo de lo Oculto y lo extraño. Tuve la suerte de nacer en una casa inundada de libros, de entre los cuales muchos eran ya los clásicos del fantástico y lo sobrenatural. Mi padre, Joaquín Palacios, era un hombre no sólo muy culto, ávido lector y coleccionista compulsivo de libros, sino también una persona inquieta y curiosa, atraída siempre por lo inexplicado, lo raro y diferente, que escribió también a menudo sobre estos temas. De él heredé mi entusiasmo, que animó siempre, apoyándome en todo. De hecho, él fue el verdadero corazón de fanzines como “Excalibur” y, sobre todo, “El Grito”, con los que comencé a escribir y publicar en los años 80 del siglo pasado. Mientras otros amigos y colegas tenían que esconder en su infancia sus tebeos de terror y superhéroes, o leer a Poe y Lovecraft en secreto, a mí me ocurrió precisamente lo contrario. Yo nací acunado por los cuentos de Poe, los poemas de Baudelaire, las “Historias para no dormir” de Chicho, las aventuras de Harry Dickson de Jean Ray, “El retorno de los brujos” de Pauwels y Bergier…

En la introducción, mencionábamos con especial cariño tu segundo libro, Planeta Zombi. ¿Cuáles de tus obras tienen un sentido más especial para ti, ya sea por que significaron un punto de inflexión o por un motivo más personal?

Es muy difícil elegir, aunque si de punto de inflexión hablamos, podría señalar varias que se significan por su importancia. La primera, por supuesto, Goremanía, ya que fue el primer libro que escribí y publiqué, y además funcionó muy bien, con varias ediciones y buena acogida, por lo que me animó a seguir en el oficio. Después, Satán en Hollywood, porque fue mi consagración gracias a Valdemar, y me abrió las puertas a otras editoriales. Personalmente, mi favorito es Erik Jan Hanussen. La vida y los tiempos del mago de Hitler, en Oberon, porque es quizá el más literario, mi primer intento de biografía más que novelada novelesca, además de porque me permitió sumergirme de pleno en uno de los períodos históricos que más me fascinan, la Alemania de Weimar. Pero cada uno tiene su historia: Psychokillers ha marcado a varias generaciones, y fue el primer libro sobre el tema de los asesinos en serie publicado en nuestro país; Nosotros los vampiros me permitió conocer el mundo de la cultura gothic desde dentro, compartiendo noches enteras con sus habitantes…

…el Lado Oscuro, necesita para gozar de buena salud en todos los sentidos, de un público cultivado, que sea capaz de elegir por sí mismo, y comprender lo que un mundo de placeres aparentemente paradójicos –el miedo, la violencia, la muerte y la crueldad transformados en literatura- tiene que ofrecer al ser humano…

Ese libro que te marcó para siempre…

No podría señalar uno sólo, pero sí varios: Sexual Personae de Camille Paglia, El poder de soñar de Colin Wilson, La literatura del mal de Bataille, El mito de la máquina de Lewis Mumford, La historia de la ciencia ficción moderna de Sadoul, El retorno de los brujos de Pauwels y Bergier, Historia natural de los cuentos de miedo de Llopis, La gran bestia de John Symonds, Música para camaleones de Capote, Hollywood Babilonia de Anger… Narrativa también: El retrato de Dorian Gray de Wilde, En las montañas de la locurde Lovecraft, los cuentos de Poe, Jean Ray, Borges, Machen y M. R. James, La torre de los siete jorobados de Carrere, El Señor de Ballantrae de Stevenson, Crimen y castigo de Dostoyevski, Petersburgo de Biely, Al revés de Huysmans, Apache de Paul I. Wellman, De aquí a la eternidad de James Jones, El gran Gatsby de Fitzgerald, los relatos de Conan de Howard, Peter Pan de Barrie, Tom Jones de Fielding, Las desventuras del Príncipe Sternenhoch de Ladislav Klima, El cuarteto de Alejandría de Durrell, El Señor de los Anillos de Tolkien, Tristram Shandy de Sterne, La invención de Morel de Bioy Casares, El alimento de los dioses de Wells, La filosofía en el tocador de Sade…

Pareciese, al menos en cifras, que el cine español pasara por un buen momento. ¿Cómo percibes este cambio de la tendencia del espectador a ver más cine autóctono en la gran pantalla?

Creo que es positivo, sin duda. Es un reflejo de la evolución que empezó a finales de los años 80 del siglo pasado, con la llegada detrás de las cámaras de un grupo de cineastas educado visualmente en el buen cine de género y comercial de Hollywood, que intentó y consiguió en parte trasladar esto a nuestras pantallas. El problema, en mi opinión, es que estamos un tanto estancados en estas fórmulas que, aunque fueron útiles al principio, ahora se consumen a sí mismas y pierden señas de identidad propias. No obstante, el reencuentro del cine español con el género –el thriller, el terror, el policial…- es significativo, y es lo que permite sobrevivir a su “industria” frente a Hollywood. Aunque a veces de forma pírrica, porque se fundamenta en “clonar” sus fórmulas. De todas formas, si las cifras de público son las que recogen estrenos como Ocho apellidos vascos, la sensación es más bien agridulce, porque se trata de un regreso a las recetas más básicas de la comedia española menos sugestiva, más televisiva y pobre cinematográficamente.

¿Cómo crees que será el futuro de la industria? ¿Dejaremos de ir al cine?

Yo, personalmente, ya he dejado de ir al cine. Me refiero a los estrenos en salas comerciales, no a festivales, certámenes o cosas así. No me interesan la mayoría de películas que se estrenan todos los viernes, y que proceden de la industria hollywoodiense actual, más mediocre que nunca. Pero, además, prefiero ver las películas en casa, en la oscura intimidad de mi estudio, siempre en versión original, al volumen que me gusta, sin comentarios indeseados, interrupciones ajenas y con plena libertad sobre el material. No voy a misa, invoco a mis dioses en privado.

Volviendo al Lado Oscuro. ¿A qué autores de género nos recomendarías no perder de vista en los próximos años?

Internacionales, tengo muy claro que el más brillante de lejos es el americano Thomas Ligotti, descendiente directo de Poe y Lovecraft. Me interesan autores europeos como los rusos Dimitri Glukhovsky, Vladimir Sorokin y Anna Starobinets, el checo Milos Urban o el francés Houellebecq. De los estadounidenses, se dejan leer también Tom Piccirilli, Jack Ketchum y David Wong. Me gustan los ingleses David Moody y, especialmente, Adam Nevill, que sigue la senda de Machen, M. R. James y Blackwood… Todos tienen todavía bastante que decir. En nuestro país: Emilio Bueso, sin duda. Pero prefiero normalmente autores de literatura fantástica más clásica, por decirlo así, antes que aquellos que siguen la onda anglosajona del fantasy o los “terrores” de moda tipo zombis y vampiros románticos. Pilar Pedraza es la gran maestra del género, me gustan también el canario Jonathan Allen, Irene Gracia con sus ángeles, demonios y autómatas, algunas aproximaciones al fantástico de Jesús Ferrero, el argentino Norberto Luis Romero… Disfruto mucho con las aventuras del joven Moriarty de Sofía Rhei. Pero debo confesar que no soy un gran lector de autores españoles. Ni de autores vivos.

Háblanos de tus directores favoritos de género de todos los tiempos de nuestro país.

Bueno, esto siempre es un poco comprometido… Directores, directores y no películas… ¡Hummm! Veamos: Agustí Villaronga, aunque la última aún no la he visto y la línea Pá negre no me interesa especialmente, tiene obras fundamentales como Tras el cristal o El niño de la luna. El malogrado Iván Zulueta, con su Arrebato. Edgar Neville, no sólo por La torre de los siete jorobados, rareza donde las haya, sino por su querencia por el policial. Por supuesto, Buñuel, aunque a veces me cuesta verlo como director español. Jesús Franco, si no hubiera existido, habríamos tenido que inventarlo. Como artesano bien dotado para el cine de género, Eugenio Martín. El fallecido Bigas Luna tiene rarezas inolvidables, aunque se perdió para el género en los últimos años. El primer Vicente Aranda, como el primer Gonzalo Suárez. Jorge Grau, por supuesto. Cosas de Eloy de la Iglesia, Antonio Isasi… De los más actuales, Álex de la Iglesia, aunque no ha vuelto a brillar como en sus inicios. Daniel Monzón, para mí más por La caja Kovak que por las últimas… En general, este es un país de francotiradores y de disparos más o menos acertados. Hay mejores películas que directores, creo yo.

Una película que te marcó.

El año pasado en Marienbad de Resnais.

Cuéntanos de qué va tu último libro, Hollywood Maldito, y cómo decides embarcarte en él.

Pues como su nombre indica, trata sobre películas malditas del cine de Hollywood. Es decir, malditas en el sentido de que se supone arrastran consigo una estela de sucesos inexplicables, muchos de ellos trágicos, que han afectado a quienes trabajaron en ellas e incluso, al menos en parte, a los propios espectadores de las mismas. Pero me he limitado a películas de género fantástico y terrorífico, porque ejemplifican una suerte de conexión entre sus diabólicos argumentos de ficción y nuestra realidad. Como si los primeros fueran mágicamente invocados por el celuloide, provocando inesperados efectos en la segunda. Es una suerte de ampliación o continuación –mejor secuela, como en el cine- de Satán en Hollywood: ambos indagan en la relación entre el mundo de lo paranormal y esotérico con el del cinematógrafo. Aquel lo hacía a través de personalidades concretas, como estrellas, directores, guionistas, etc., y éste a través de filmes concretos: Nosferatu de Murnau, La semilla del diablo (Rosemary’s Baby) de Polanski, El exorcista de Friedkin, Poltergeist de Tobe Hooper, la saga de Superman y El Cuervo de Alex Proyas. Pero al hilo de estas aparecen muchas más, así como personajes tan fascinantes como Albin Grau, Charles Manson, Spielberg, George Reeves, Anton LaVey, Bruce Lee, William Castle… Es una otra mezcla de especulación filosófica, cinefagia, cotilleo, novela de misterio, sociología pop y crítica de cine, con protagonismo y voces corales que nos hablan de una forma distinta de ver la realidad o las realidades que nos rodean.

La editorial Valdemar, con la que trabajas estrechamente desde hace años, está muy implicada en la cultura del horror. ¿Cómo ves la salud de esta escena cultural? ¿Crees que se necesitan más impulsores; editoriales, productoras, etc…?

Valdemar, como todos los editores independientes, que publican al margen de los grandes grupos de comunicación, son unos santos y mártires de un mundo agonizante: el de la literatura en forma de libro impreso. La escena cultural del género en particular, y quizá toda en general, necesita más que impulsores, otra cosa: consumidores. Lectores, espectadores, conscientes, inteligentes, con tiempo para leer y con conocimientos y gusto para elegir. El nuestro es un mundo de consumidores pasivos. La base de la industria editorial y, en general, de la industria cultural y del entretenimiento es indistinguible del resto de industrias de producción masiva dirigida a un público masivo… y amasado por los medios de comunicación, información y difusión… La mayoría de los cuales están en manos de la propia industria cultural y editorial. Es decir: la gente no elige más allá de lo que la propia industria quiere que elija, que es, casi siempre, lo que esta misma industria diseña y produce para ser elegido. La cultura del horror, como dices, lo que yo prefiero llamar “El Lado Oscuro”, necesita para gozar de buena salud en todos los sentidos, de un público cultivado, que sea capaz de elegir por sí mismo, y comprender lo que un mundo de placeres aparentemente paradójicos –el miedo, la violencia, la muerte y la crueldad transformados en literatura- tiene que ofrecer al ser humano. Lo que ocurre ahora es que la mayor parte de la literatura del género se fabrica a la medida de un lector a su vez prefabricado para la mediocridad. Para rehuir el compromiso de elegir conscientemente y construir por su cuenta un gusto que es, también, una visión propia del mundo. Es más sencillo y cómodo dejarse guiar por suplementos culturales, programas de televisión y radio, infinitos blogs de internet y escaparates de grandes superficies –antes conocidas como librerías-, donde ya está claro lo que debe gustarte y por qué. Puede sonar un poco catastrofista, pero estoy convencido de que leer libros es ya cosa del pasado. Sólo se lee y se seguirá leyendo por guardar las formas, por prestigio vanidoso, porque algo hay que hacer con lo que se nos enseña en la escuela –la “m” con la “o”…-, y porque todavía la lectura, como industria, da ciertos beneficios a sus productores y gestores, aunque no sólo económicos. Se leerá como se va al teatro o la ópera, y casi ya al cine: por costumbre. Luego, habrá unos pocos dinosaurios quejumbrosos y viejunos, entre los que me incluyo, que leeremos lo que nos dé la gana, aunque sea viejo, desagradable, pornográfico, políticamente incorrecto o triste. Para nosotros habrá siempre un puñado de editoriales que publiquen sin la pretensión de enriquecerse o moldear a sus lectores con fines inconfesables, sino, al contrario, porque les gustaría leer lo que ellos mismos publican. Pero son los menos, y además necesitan desesperadamente a los hipsters del momento… Esos agentes dobles de la industria cultural, que hacen tanto o más mal que bien por ella.

Nos encanta la parte del prólogo en la que hablas del cine dentro del cine y la película como elemento mágico. ¿Crees que tanto las películas que van sobre películas y los libros que van sobre libros encierran una especie de magia psicológica?

Lo metaliterario y/o metacinematográfico, más allá del recurso posmodernista e hipertextual de moda desde hace tiempo, posee un elemento que remite a la magia ritual y práctica: su punto de partida es que una ficción o fantasía puede adquirir existencia real a través de la propia credibilidad que se le da al tratarla como una realidad independiente dentro de otra ficción. Es un juego de espejos, una “mise en abyme” si se quiere… Pero eso no impide que el reflejo en el espejo sea real, aunque su naturaleza sea la de un reflejo. Cuando una película habla de cine, está dando carta de realidad a la propia ficción cinematográfica, estableciendo una suerte de universo paralelo al nuestro –el fenomenológico y cotidiano-, creando otro mundo que se rige por normas distintas pero, no obstante, posee existencia propia, en un nivel distinto de realidad, capaz también a su vez de influir de algún modo en nuestra realidad material y física, fuera de la pantalla o pantallas. Filmes como Angustia de Bigas Luna, La nueva pesadilla de Wes Craven, Demons de Lamberto Bava o Arrebato de Zulueta, por ejemplo, plantean la autonomía de la ficción cinematográfica frente a sus creadores y receptores, pero también la posibilidad de que esta influya en ellos, destruyéndolos o abriendo una puerta entre diferentes niveles de existencia. Este es un concepto que tiene mucho que ver con la magia simpática y la iconolatría, pero también con ciertos aspectos de la mecánica cuántica. No quiero decir que los cineastas que lo abordan lo hagan siempre necesariamente con estos fines mágicos o siquiera especulativos, pero es igual: el efecto está ahí. Las invocaciones cinematográficas de Kenneth Anger funcionan, quizá no tanto como a él le gustaría, pero sí en la medida en que provocan cambios en la percepción de la realidad del espectador. Fascinación o rechazo, es igual, se trata de un efecto psicológico real, que a veces puede ir incluso más allá. Eso es también lo que buscaba un ocultista como Albin Grau con Nosferatu y con sus teorías cinematográficas.

Los casos que expones en el libro son realmente inquietantes o cuando menos, sorprendentes. ¿Cuál de ellos te parece más increíble y por qué?

Quizá la película maldita modélica, al menos en el sentido que les doy en mi libro, sea La semilla del diablo de Polanski. El motivo es obvio: cuenta la historia de una joven embarazada víctima de una conspiración diabólica… Y un año después de su escandaloso estreno, la mujer embarazada de su director, Sharon Tate, fue asesinada por una conspiración diabólica encabezada por Charles Manson. De ahí, a la más absoluta vorágine de casualidades, tragedias, incidentes o sincronismos, si se prefiere, que convierten la película en una especie de summa diabólica de lo que puede ser el cine maldito y de las relaciones entre cinematógrafo y ocultismo: el asesinato de John Lennon a las puertas del edificio Dakota, donde se rodó el filme; la muerte accidental del compositor de la banda sonora; el divorcio de Mia Farrow en pleno rodaje; la enfermedad de su productor, el cineasta de horror William Castle; la excomunión, por así decir, de la película por la Iglesia Católica; su apropiación ideológica por ocultistas y brujas wiccanas… Hay que leerlo para creerlo.

¿Existe en el cine español alguna película maldita?

Por supuesto, existen películas malditas en todas las cinematografías. En la nuestra, destaca, sin duda, Arrebato, maldita en muchos aspectos, entre otros la mala suerte de su director. Pero también títulos menos prestigiosos, como La campana del infierno, un thriller de terror típico de los setenta, que costó la vida a su director, Claudio Guerín, quien cayó desde lo alto del campanario donde rodaba y que prestaba su título al film. Muy curioso es el destino de Ataúdes de Luz, la película inexistente del imaginario Sergio del Monte, pergeñada por Nacho Cerdá, y que se está convirtiendo en una genuina leyenda urbana gracias a bulos como los extendidos por Iker Jiménez en su programa, aparte de que es ya una película realmente maldita, que no llega a montarse ni estrenarse jamás, mientras muchos de los que participaran en ella –en la de Nacho, no en la de Sergio del Monte- han fallecido ya: Jesús Franco, Paul Naschy, Amando de Ossorio, el Dr. Jiménez del Oso… Cruzo los dedos, porque yo también aparezco en su metraje y he colaborado en su guión…

Ha sido un oscuro placer, muchísimas gracias Jesús.


Ilustración original por Javier Rubín.

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