El Exorcista no es una película de terror

El Exorcista, William Peter Blatty

William Peter Blatty se ha marchado de este mundo dejando un legado inmortal que cambió nuestra forma de asimilar el terror. A través de la visión de William Friedkin su historia se convirtió en un fenómeno sin precedentes.

Nunca olvidaré la primera vez que oí hablar de El Exorcista (The Exorcist. William Firedkin, 1973). Fue en el comedor del colegio. Ese día me tocó sentarme con una niña y un niño poco más mayores a los que no conocía demasiado. Durante la comida empezamos a hablar de historias de terror y de ahí se pasó a las películas.

…me quedó claro es que era la película más aterradora de todas las que podían existir.

En un momento dado, aquel niño más mayor pronunció una misteriosa y extraña palabra -Exorcista- y junto a la niña empezaron a contarnos de que iba. En ese momento no entendí lo que significaba aquella palabra, pero lo que sí me quedó claro es que era la película más aterradora de todas las que podían existir.

Desde entonces mi obsesión con El Exorcista ha persistido a lo largo de los años sin perder su fuerza y atracción. Esto no fue un efecto aislado, -de ahí el título algo sensacionalísta del artículo- El Exorcista, más que una película de terror se convirtió en un fenómeno de masas que recorrió el mundo avivando los temores más atávicos de las personas. Según el psiquiatra y director del Hospital Riverdege de Forrest Park (Chicago), el Dr. Louis Schlan, los efectos psicológicos -negativos – que produce la película persisten en la mente del espectador mucho después de su visionado.

Hace poco Tarantino hablaba de El Exorcista en el podcast de Bret Easton Ellis. Allí contaba la experiencia que vivieron durante su proyección en unas sesiones de clásicos de culto que organizan en Los Ángeles. Para él, “El Exorcista es una auténtica película de terror”, según decía, el ambiente que se creó en la sala fue algo inaudito. Algo que no pasa con las películas ahora. Como colofón mencionaba que el gran logro de la película “no es hacernos creer que el Diablo existe, sino que existe y responde a la imaginería de la religión cristiana”.

El exorcista, William Peter Blatty, William Friedkin

Jason Miller (El Padre Karras), Blatty y Ellen Burstyn (Chris McNeil) haciendo chistes sobre curas.

Al margen de que en 1973 el público aún poseía cierta inocencia visual que posibilitaba el impacto crítico de experiencias cinematográficas fantásticas como El Exorcista o Tiburón (Jaws. Steven Spielberg, 1975), la película de Friedkin utiliza y ensancha una veta que nos muestra el terror desde la cotidianidad. Algo a lo que ahora estamos más que acostumbrados, fue revolucionario y sobretodo efectivo.

…la película de Friedkin utiliza y ensancha una beta que nos muestra el terror desde la cotidianidad.

Cuando posteriormente William Friedkin ha hablado sobre esta visión realista y casi documental de la película ha reconocido que nunca pretendió hacer una película de terror o fantasía sino ficcionar un suceso que él consideraba real. Como señala Jesús Palacios en su libro Hollywood Maldito (Valdemar. 2014), esta aproximación realista a un tema que hasta ahora había estado reservado al género fantástico convirtió a El Exorcista en un fenómeno sin precedentes, un éxito de taquilla y en una de las películas más polémicas de la historia.

El pasado octubre Friedkin publicaba un interesante artículo en Vanity Fair: The Devil and Father Amorth: Witnessing “the Vatican Exorcist” at Work (El Diablo y el Padre Amorth: Presenciando el trabajo del “Exorcista del Vaticano”). En él cuenta su experiencia con el recientemente fallecido Padre Amorth (La más alta autoridad en exorcismos del Vaticano).  Según el artículo, Friedkin siempre se preguntó cuán cerca se había quedado de la realidad de un exorcismo en su película. Esto le llevó finalmente, en 2016, a ponerse en contacto con el Padre Amorth con intención de conocerle y entrevistarle si era posible. El Padre Amorth no sólo aceptó de buen grado, sino que además le invitó a presenciar y documentar una sesión de exorcismo con Rosa, una joven italiana a la que estaba tratando un supuesto caso de posesión demoníaca. En el artículo, Friedkin nos reporta su escalofriante experiencia en Italia con Amorth y la familia de la joven la cual termina con, en palabras del propio Friedkin, “una pesadilla viviente”. Merece la pena leerlo.

El Exorcista, William Peter Blatty, Linda Blair, William Friedkin

Linda Blair (Regan McNeil) recibiendo instrucciones precisas de William Friedkin (1973).

En una de las partes más interesantes del artículo, Friedkin -declarado agnóstico- describe su entrevista con varios científicos y profesores de renombre de varias disciplinas como la neurología y la psicquiatría a los que mostró el material que grabó durante el exorcísmo de Rosa. Las respuestas que dan estos profesionales no son nada concluyentes. Ninguno de ellos puede encontrar una explicación satisfactoria a lo que aparece en las cintas. Esto es lo más escalofriante del artículo y a la vez lo más interesante desde el punto de vista de la curiosidad, ya sea científica o esotérica.

Con esta experiencia en la frontera de lo paranormal, William Friedkin cierra el círculo que comenzó en 1949 cuando un joven estudiante de literatura, William Peter Blatty, leyó la noticia de un chico de catorce años supuestamente poseído por un espíritu diabólico del que se había librado gracias a la intervención de un sacerdote exorcista en Maryland. Los ecos de este recuerdo se catalizarían años más tarde en su best-seller mundial. Gracias a la visión de Friedkin, El Exorcista prevalece en las mentes y los corazones de un público que casi 45 años después de su estreno sigue sucumbiendo a su poder hipnótico.


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