Distopías literarias y cinematográficas más cercanas de lo que pensamos

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El siglo XXI ha dado cobijo a muchas pesadillas futuristas de la Ciencia Ficción del pasado que hoy parecen cernirse sobre nosotros como oscuras nubes de tormenta.

Metidos ya de lleno en estos tiempos -otrora futurístas- estamos presenciando cambios muy poco halagüeños que recuerdan que las pesadillas que nos han acosado en la Ciencia Ficción más aterradora podrían estar mucho más cerca de lo que creemos. El acceso de Trump a la Casa Blanca y sus políticas, el auge de las redes sociales y la comunicación, la pérdida de libertades y el aumento de la desigualdad, el cóctel explosivo de neoliberalismo salvaje y tecnología -y su consecuencia directa, el neofeudalismo –nos ofrecen un panorama desolador digno de la más turbia distopía jamás imaginada.

En el momento de escribir estas líneas, aquí en España todavía reverberan los ecos de una noticia nefasta para la democracia y los ciudadanos. El líder de la mítica banda de rap Def Con Dos, César Strawberry, ha sido condenado a 1 año de cárcel por el contenido de varios twits en los que el músico hacía chistes o expresaba una opinión polémica. Peligroso precedente. Un escenario que nos recuerda más a la novela 1984 de George Orwell (el pasado día 21 de enero se celebraba el aniversario de su muerte) que a lo que debería ser una democracia del siglo XXI. La peligrosa pendiente de la corrección política y la autocensura está dando paso a una nueva sociedad vigilante, temerosa de la represalia social -el ostracismo- y penal que recuerda al cómic de Alan Moore, V de Vendetta, y cuyo tufo a dictadura empieza a inquietarnos.

Por todo ello, no es descabellado echar mano de la imaginación, el ensayo, la literatura y el cine para ver cual podría ser el aspecto de nuestro mundo en un futuro demasiado cercano. Quizá los autores de Ciencia Ficción y sus proféticos augurios nos permitan una reflexión retroactiva. Una oportunidad para corregir el curso de la humanidad antes de que la luz del progreso sea tan brillante que nos ciegue condenándonos a una nueva Edad Oscura.


Las obras de ficción y ensayos futuribles de los que hablamos contienen elementos que ya existen o bien podrían incorporarse a nuestra actual visión del mundo sin la necesidad de un exceso de imaginación.

George Orwell, Ray Bradbury, Jack London, Aldous Huxley

De izquierda a derecha, George Orwell, Ray Bradbury, Jack London y Aldous Huxley. Los padres de la distopía moderna.

EL TALÓN DE HIERRO (THE IRON HEEL. JACK LONDON, 1908)

El colapso del capitalismo.

A primeros del siglo XX Jack London publica esta profética visión del capitalísmo y la acumulación de la riqueza. Partiendo de la situación de la clase obrera de principios de siglo elabora un relato del destino inexorable de una humanidad codiciosa inmersa en unas reglas de mercado salvajes.  La globalización y el colapso del capitalismo son profecías que London adelantó en su novela sembrando el gérmen del futuro distópico.

UN MUNDO FELIZ (A BRAVE NEW WORLD. ALDOUS HUXLEY, 1932)

La trilogía distópica de primeros del siglo XX.

Gracias a las palabras hemos sido capaces de ascender por encima de los brutos; y gracias a las palabras, a menudo nos hemos sumergido al nivel de los demonios. – A. Huxley

La novela de Huxley es una de las grandes precursoras del subgénero de las distopías además de ofrecer una previsión de lo que sería la actual sociedad de consumo globalizada en la que vivimos. Tanto el paradigma del estado vigilante como los elementos que introduce para controlar al individuo se han visto en distintas épocas y civilizaciones. El Soma, esa droga suministrada por el estado para adormecer a las masas en la novela, bien podrían ser los programas de televisión o los objetos de gran consumo que no paramos de adquirir.

Farenheit 451, Novela Gráfica

En 2010 se publicó la novela gráfica de Farenheit 451, ilustrada por Tim Hamilton. Imprescindible.

La quema de ciertos libros ha sido practica común, tanto por su simbolísmo como por su utilidad, en los regímenes totalitarios. Ray Bradbury fue más allá y desarrolló su novela Farenheit 451 (1953) bajo la premisa de una sociedad en la que todos los libros estuvieran prohibidos y fuera obligatoria su incineración. En las sociedades de hoy, a diferencia de en la novela, no hace falta crear un departamento de bomberos encargados de quemar libros. Basta con controlar el acceso a internet para que los usuarios no puedan acceder a determinados contenidos tal y como ocurre en países como China, Irán o Korea del Norte. Cabría destacar el universo planteado por la película de 2010, El Libro de Eli (The Book of Eli. Hughes Brothers) como una especie de continuación de la premisa de Bradbury. En un futuro apocalíptico en que los libros están prácticamente extintos, un lider megalómano (Gary Oldman) obsesionado con La Biblia hará lo que sea con tal de conseguir un ejemplar con el fin de utilizar su poder para controlar a las masas.

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado. – George Orwell. 1984

A pocos se les escapa que el concepto del Gran Hermano, la omnipresente vigilancia y el control de la información son hoy una realidad. Las revelaciones de Edward Snowden sobre la oscura praxis de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) han conmocionado al mundo desvelando la mentira de las democracias en la era de la información. En 1984 (1949) Orwell describía una sociedad esclavizada por el totalitarismo muy parecida a los modelos de sociedad a los que nos empujan las corporaciones tecnológicas hoy. Uno de los rasgos fundamentales de control que describía era la manipulación del lenguaje y la información, cosa que ocurre a diario en un mundo donde la independencia de los medios es casi un espejismo. Estas tres novelas clave forman la trilogía de las distopías de principios del siglo XX.

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Poster de Edicto Siglo XXI (arriba izda.), portada de 1984 y fotograma de la versión para TV de Un Mundo Feliz de 1980.

EDICTO SIGLO XXI: PROHIBIDO TENER HIJOS (THE EDICT/Z.P.G.. MICHAEL CAMPUS, 1972)

Un problema Malthusiano.

Película basada en un guión de Frank De Felitta (conocido por El Ente) y Max Simon Ehrlich que nos situa en un futuro superpoblado y agotado de recursos en el que se prohibe tener hijos biológicos en los próximos 30 años. Sólo seis años después del estreno de Edicto Siglo XXI, China puso en vigor su política de hijo único, con la que quiso acabar con el problema de la superpoblación.

¡Hagan Sitio! ¡Hagan Sitio! (Make Room! Make Room!. Harry Harrison, 1963) es la novela en la que se basa este clásico Cuando el Destino Nos Alcance (Soylent Green. Richard Fleischer, 1972) protagonizado por el habitual del género en los 70, Charlton Heston y Edward G. Robinson. De nuevo, superpoblación, hambruna y soluciones, digamos poco ortodoxas. Es inolvidable su retrato de las ciudades atestadas de gente hasta la bandera y los camiones apartando a la muchedumbre a palada limpia.

En el futuro cercano de Hijos de los Hombres (Children of Men. Alfonso Cuarón. 2006) no es ningún gobierno quien prohibe tener hijos. La propia naturaleza nos castiga con la esterilidad como una especie de perversa revancha por el daño causado al planeta. Esta visión incorpora elementos de la teoría de Gaia de James Lovelock, según la cual, la biosfera es un sistema homeostático que sabrá arreglárselas para salir adelante aunque tenga que deshacerse de nosotros por el camino. La película se basó en la novela cuasi-homónima de P.D. James de 1991, The Children of Men.

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Uno de los episodios más célebres de la primera temporada de Black Mirror, ‘Quince Millones de Méritos’

BLACK MIRROR (CHARLIE BROOKER, 2011)

Seducidos por el lado oscuro.

Un afinadísimo sensor del pulso del avance de las nuevas tecnologías cotidianas y su impacto en nuestro día a día. Black Mirror refleja el lado más oscuro de la tecnología y dibuja una siniestra caricatura de la clase de sociedad en la que nos estamos convirtiendo.  Las premisas de muchos de sus episodios son ya una realidad palpable, como el sistema de puntuación ciudadana que planea implantar el gobierno chino para el año 2020. También es una realidad el servicio online, Eterni.me que promete la vida eterna de tu avatar digital a partir de un algoritmo de inteligencia artificial nutrido de tu información y perfiles de usuario.

…a medida que avanzan ciencias como la genética y la neurología podrían utilizarse en favor de la segregación y la discriminación por poderes perversos.

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ROBOCOP (PAUL VERHOEVEN, 1987)

Para servir y proteger…

Todos queremos unas calles más seguras, libres de maleantes y crimen ¿verdad?. En el Detroit de Verhoeven y su Delta City la solución a todos los males es un ciborg (medio hombre, medio máquina) que promete devolver la tranquilidad a los ciudadanos. Después de ver los ingenios mecánicos de D.A.R.P.A. (El I+D militar de EEUU) nadie podría considerar Robocop una fantasía más de la Ciencia Ficción. La guerra a distancia a través de drones militares es una realidad, mientras los vídeos de prototipos de soldados robot de Boston Dynamics circulan por YouTube desde hace años. Si esta corriente robo-militar comienza a dar resultados, está bastante claro que en un futuro muy cercano las fuerzas del orden de seguridad de los países se integrarán en una gran parte por robots policía.

Una de las pesadillas futuristas de Philip K. Dick va un paso más allá en seguridad ciudadana, Minority Report (Steven Spielberg, 2010). El concepto de precrimen del que parte toda la trama sería el sueño de la NSA. En él participan teorías de líneas temporales, la telepatía, el determinismo y la eugenesia. A saber, poder detener a un criminal antes de que cometa el crimen, pero con la certeza de que lo iba a cometer, según una precognición infalible de algo así como un oráculo. Hoy tenemos sistemas primitivos de reconocimiento de expresión que detectan nerviosismo y comportamientos que podrían preceder a un acto violento. Bajo un clima de terror como el que vivimos, este tipo de sistemas no tardarían en proliferar gracias al mismo viejo discurso de seguridad a cambio de otro poquito más de libertad. Como en cualquier decisión en la que el fin justificara los medios, los errores serían necesarios males menores. Los problemas filosóficos y morales que entraña un mecanismo de precrimen real lo alejan de la inmediatez. Aún así a medida que avanzan ciencias como la genética y la neurología podrían utilizarse en favor de la segregación,  la discriminación y estigmatización de minorías por poderes perversos. Algo que ya pasó con las ideas sacadas de contexto de Charles Darwin utilizadas por los nazis para apoyar sus descabelladas teorías de supremacía aria.

Otra alternativa extrema para acabar con el crimen en nuestras calles es la que propone La Purga (The Purge. James DeMonaco, 2013). Una noche al año se permite el homicidio para, de esa manera, “purgar” nuestros impulsos más bajos y violentos, que según la película son los responsables de la violencia y el crimen inherentes a las sociedades humanas. Una propuesta muy en la línea de dictaduras que el mundo conoce bien. Tanto en la ficción como en la realidad los peor parados siempre son los más pobres.

En la cúspide de la pirámide distópica de la seguridad militar se encontrarían los universos propuestos por Terminator (James Cameron. 1980) y Matrix (The Wachowsky Bros. 1999). El problema filosófico de Matrix sobre el conocimiento de la realidad es irresoluble, pero el escenario de una inteligencia artificial superpoderosa, tipo Skynet, está más cerca de la realidad que de la ficción.

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Schwarzenegger en Perseguido (arriba izda.), Portada de la versión original de Le Prix du Danger (derecha) y un fotograma del episodio de Black Mirror, Oso Blanco.

PERSEGUIDO (THE RUNNING MAN. PAUL MICHAEL GLASER, 1987)

The show must go on.

La violencia en televisión ha seguido una curva ascendente a medida que las audiencias han desarrollado cierto impermeabilísmo a una estimulación visual cada vez más constante. Este sistema de retroalimentación promete programas de televisión cada vez más brutales. El paradigma del realityshow da cabida a todo tipo de perversiones voyeurísticas, así que, por qué no al homicidio en directo. Esto no es nuevo. La ejecución pública ha sido uno de los métodos más efectivos de control así como un bonito entretenimiento para toda la familia en varias culturas.

En la película del 87 de Paul Michael Glaser (El Starsky de Starsky & Hutch) se plantea un concurso futurista en el que supuestos criminales convictos son perseguidos y cazados por asesinos mientras todo ello se televisa para deleite de un entregado público. Menos conocida fue la película de Lucio Fulci, Roma, Año 2072 DC: Los Gladiadores (1984) de la que bebió Perseguido de forma bastante evidente.

Otros referentes anteriores serían la producción francesa El Precio del Peligro (Le Prix du Danger. Yves Boisset, 1983) y la alemana Das Millionenspiel (Tom Toelle, 1970). Ambas adaptaciones de un relato seminal de Robert Sheckley llamado The Prize of Peril, publicado originalmente en The Magazine of Fantasy & Science Fiction en mayo de 1958. Este cuento se considera el precursor del concepto del realityshow tal y como lo conocemos.

Las últimas versiones de la premisa de reality salvaje las encontramos en el episodio de Black Mirror, Oso Blanco, en Open Windows (Nacho Vigalondo, 2014), la saga de Los Juegos del Hambre (The Hunger Games. Gary Ross, 2012)  o en la reciente película Nerve (Henry Joost, Ariel Schulman, 2016) donde unos adolescentes se ven envueltos en un juego global online en el que sus acciones se ven manipuladas por una comunidad de observadores anónimos.

El Juego de la Muerte es un experimento real que se llevó acabo en Francia sobre el poder de la influencia del público y la obediencia. En esta versión televisiva del experimento Milgram se manifiesta cuan dispuestos estamos a ser manipulados por una autoridad y cómo el público puede elevar sorprendentemente ese ratio.

Las peores alternativas de futuro que podamos imaginar siempre incorporan elementos comunes: La superpoblación, el agotamiento de los recursos naturales, el totalitarismo o la perversión de la tecnología. La pérdida de la individualidad y de nuestra libertad de acción o pensamiento es la peor condena a la que se nos puede someter. La obsesión por el orden y el control nos arrastra indefectiblemente a cometer los actos más abyectos contra nosotros mismos. Como en cualquier distopía, el hombre acaba deshumanizado en pro de la humanidad.


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