Los renglones torcidos de Dios

Extractos de el cómic "From Hell" de Alan Moore. ©1989, Taboo.

De todos los tipos de trastornos de la personalidad hay uno que llama la atención de los especialistas además de cautivar y repugnar a partes iguales: El psicópata.

La imaginería humana ha sido siempre muy rica en la creación de monstruos. Desde el Diablo hasta el “Drácula” de Stoker siempre hemos buscado una cara para el mal aunque, muy a nuestro pesar,  desprovisto de largos colmillos o cuernos hemos encontrado un rostro demasiado humano. Muchos de los personajes de ficción que nos han aterrorizado durante décadas han tenido su origen en una persona de carne y hueso. Un criminal, un enfermo mental, un psicótico o un psicópata que pasó a los anales de la historia por lo cruento y horrible de sus crímenes que, más allá de conmocionar al mundo, nos enseñó que no hay mayor maldad que la que se oculta en el corazón del hombre.

…en realidad no conoce el miedo como esa sensación que nos paraliza, nos hace temblar… nunca la ha sentido así…

De todos los tipos de trastornos de la personalidad hay uno que llama la atención de los especialistas además de cautivar y repugnar a partes iguales a todo tipo de personas. De esto se dieron cuenta rápidamente los estudios de cine de Hollywood, haciendo del psicópata el protagonista de un filón que, desde “Jack El Destripador” hasta Hannibal Lecter, sigue cosechando éxitos taquilleros multimillonarios.

Pero, ¿Sabemos realmente qué es un psicópata? El rasgo más característico del psicópata es su ausencia total de empatía por las personas y su consiguiente falta de sentimiento de culpa o remordimiento. Cuando en un bar abarrotado a las tres de la tarde cae la noticia de un nuevo crimen a manos de un psicópata se hace un silencio cáustico. – ¿Cómo pudo hacer algo así? Es la expresión normal ante un acto que como seres humanos no podemos concebir. La clave para comprender como una persona puede llegar a hacer algo así nos la da principalmente la genética y no, como la mayoría de la gente piensa, una infancia traumática. El psicópata nace con un rasgo diferencial clave en el desarrollo de la personalidad: Es incapaz de sentir como el resto de las personas. Un ambiente social y físico negativo podrá ser el caldo de cultivo perfecto para hacer de una persona con perfil psicopático un asesino.

El que posiblemente sea el psicópata por antonomasia del celuloide, Hannibal Lecter. ©1991, MGM.

El que posiblemente sea el psicópata por antonomasia del celuloide, Hannibal Lecter. ©1991, MGM.

El psicópata sabe lo que son las emociones de una manera teórica, ya que observa continuamente los modelos emocionales de conducta. Por esto podrá imitarlos a la perfección y camuflarse en la sociedad como un lobo con piel de cordero que al ser descubierto deja una lluvia de perplejidad sobre vecinos y conocidos. Pero en realidad no conoce el miedo como esa sensación que nos paraliza, nos hace temblar, sentirnos mal físicamente hasta atenazarnos. Nunca ha sentido algo así porque no puede sentirlo. El miedo es en particular una emoción vital en el desarrollo de los conceptos del bien y el mal en el niño. Antes de desarrollar una conciencia moral el niño basa su conducta en la imposición por parte de sus padres de lo que se puede o no se puede hacer. Gracias a las emociones estos patrones de conducta quedan grabados a fuego como parte de la personalidad dando lugar posteriormente a una conciencia moral real.

En diversos estudios ha quedado de manifiesto que el niño psicópata da signos de trastornos en la conducta desde antes incluso de ir al colegio. Teniendo en cuenta que no existe tratamiento efectivo para este tipo de trastornos no considerados enfermedad ¿Qué posición debe tomar la sociedad ante los niños con un perfil psicopático?, ¿Marcarlos de por vida con el estigma de “malos”?

Charles Manson en una instantánea tomada en los 70

Charles Manson en una instantánea tomada en los 70

Si como hemos visto la psicopatía no responde a ninguna enfermedad mental ni a ninguna lesión cerebral, sino que más bien es una condición particular de la psicología de un individuo, ¿Cómo se juzga la responsabilidad de una persona que no puede sentir la moral humana por causas inherentes a su ser y ajenas a su propia voluntad? ¿Sería como juzgar a un león por matar a una gacela? Creo que el tema deja abiertas muchas incógnitas, pero si me permitís llegar un poco más allá:

¿Qué pasaría si dejásemos de pensar en la mutación causante de la psicopatía como en una patología y empezásemos a pensar en ella como una mutación de carácter adaptativo, evolutivamente hablando?

El mero hecho de cuestionarse este tipo de incógnitas hace que un escalofrío le recorra a uno la espina dorsal, ¿verdad?. Los mayores logros de la humanidad en todas las disciplinas posibles, la genialidad o el amor maternal son cosas maravillosas del género humano y debemos apreciarlas como merecen. Pero si no miramos directamente a los ojos del “Mr. Hyde” que hay en nosotros nunca nos daremos cuenta de que asumirnos tal como somos es el primer paso para comprendernos como individuos y especie.

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