J.T. Leroy: El arte de engañarlos a todos

JT Leroy
Expresionismo abstracto

La historia detrás de J.T. Leroy puede considerarse única. Un engaño global en el que cayó todo el starsystem de la industria del entretenimiento cautivado por el morbo y el victimismo. ¿Estafa u obra maestra?

Jeremiah Terminator LeRoy era un joven que escribía sobre su terrible pasado, el abandono de su único hogar a los cuatro años, el ingreso demasiado temprano en la vida salvaje de la ruta, los abusos que recibe de su madre drogadicta y su sádico novio, las relaciones entre prostitutas y hombres peligrosos que se cruzan con ella y con él mismo durante sus viajes, llevándolo a sufrir la violencia desmedida desde muy pequeño; Jeremiah relata su soledad y su vagabundeo en los márgenes de la sociedad norteamericana mientras busca definir su identidad. Estas terribles historias, narradas con brutalidad y hasta cierto humor, causaron gran fascinación en los lectores y los críticos literarios. Sus libros catalogados como “autobiográficos” tuvieron muchísimo éxito. Incluso llegó a codearse con celebridades y artistas de primer orden del mundo de la música y el cine. Hasta que un día, después de varios años de su primera publicación, Sarah (2000), se descubrió que ese joven que se llamaba Leroy no existía.

… después de varios años de su primera publicación, Sarah (2000), se descubrió que ese joven que se llamaba Leroy no existía.

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Laura Albert y su alter ego J.T. Leroy (su cuñada, Savannah Knoop).

Ocurrió, así, la sorpresa: el autor de Sarah y The heart is deceitful of all things era también parte de una elaborada ficción. El autor era escrito por otro, era un personaje más de ese mundo brutal que había creado el verdadero: una mujer. Cuando apareció en la prensa que la autora de esas obras era una tal Laura Albert y que el joven Jeremiah que aparecía en público era en realidad su cuñada, Savannah Knoop, vestida de hombre. El escándalo, las críticas y la locura se desataron. Incluso fue llevada a juicio. ¿Pero qué era J.T. Leroy para su creadora? Una máscara, de oxígeno.

Se suele decir que el escritor escribe para expulsar sus monstruos, para esconderse detrás de los personajes que inventa como máscaras de una misma identidad; otros también lo hacen por puro deleite. Laura Albert sin duda conjugó todos estos propósitos a la hora de tomar la pluma y el papel. Y es que su infancia y adolescencia no fueron mejor que las de su “otro yo”, Jeremiah. Sin querer confundir la realidad de la ficción -es decir la literatura-, hay ciertos fantasmas que lo persiguen a uno como una sombra que no se despeja nunca y le acompañan a lo largo de la vida; el escritor trasmite algo de esto en sus creaciones, como exploraciones o meros divagues mentales, pero siempre deja algo suyo en la obra. ¿Flaubert no decía acaso “Madame Bovary c’est moi”? ¿David Copperfield no era acaso un “hijo” para Charles Dickens? Marguerite Duras exploraba las posibilidades de la escritura y del lenguaje para narrar la memoria fragmentada a partir de un hecho autobiográfico, un amor adolescente con un chino en Saigón.

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Laura Albert

De joven, Laura Albert abandonó su casa, se rodeó de otros chicos que vivían en soledad como ella, se introdujo en el mundo del punk y las drogas, comenzó a sufrir trastornos de identidad que le hacían dudar todo el tiempo de ella misma. A veces, se sentía más cómoda siendo varón y se hacía pasar por un tal “Terminator” o “Jeremiah” cuando hablaba con gente; cuando se sentía sola llamaba a líneas telefónicas de ayuda para suicidas adoptando otras personalidades, incapaz de expresarse siendo Laura. Vivía, mientras tanto, de la música que hacía con su esposo, también ganaba algo trabajando como operadora de sexo telefónico. Durante esos años concibe la idea de empezar a escribir, así se lo recomendó un psicólogo con quien hablaba por teléfono y la conocía sólo por su pseudónimo. Superviviente de abusos mentales y físicos, logró encontrar una máscara para abrirse al mundo y “convertir su vida en arte”. Engendró, así, a J.T. Leroy. Un personaje y un autor, una figura que estaba, a la vez, dentro y fuera de la ficción.

Superviviente de abusos mentales y físicos, logró encontrar una máscara para abrirse al mundo y “convertir su vida en arte”. Engendró, así, a J.T. Leroy.

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Asia Argento y Jimmy Bennet en “The Heart is Deceitful Above All Things. 2004, Asia Argento”

La recepción y el éxito fueron casi instantáneos. Sarah y The heart is deceitful above all things exponen con cruda realidad problemáticas profundas que perforan el centro de la sociedad contemporánea norteamericana –y occidental-.  En la primera obra, el narrador es un chico sin nombre –sin identidad- que vive con su madre, una prostituta que trabaja en las paradas de camiones. En ese mundo del deshecho y los marginados, el niño crece, aprende a amar a su madre a pesar de todo, incluso se viste como ella y comienza  a trabajar con proxenetas. Es una terrible fábula, narrada con brutalidad, sencillez y un fino humor. Sí. Todo se conjuga en su prosa para narrarnos la vida de los outsiders y la pobreza rural afuera de las grandes ciudades.

Una constante es la carretera: la vida allí es salvaje. La carretera es ese toponímico que es parte del imaginario estadounidense: un lugar móvil y fugaz, un eterno camino hacia el progreso, el anhelo de realizar el idílico sueño americano. Son claras las influencias de la contracultura de los 60 en la prosa de Albert, el despojo del cuerpo –la droga, el sexo-, la rotura del sueño americano, muy a lo Kerouac –recordemos que su novela  En el camino  sucede precisamente en las carreteras y los jóvenes que las recorren buscan un “algo” con que llenar el vacío-; otro a quien podemos nombrar es William S. Burroughs y sus libros que escandalizaron a la sociedad por esos años, con sus experimentos literarios que rozan temas “taboo” para la época como las drogas, los abusos y el travestismo queer.

un lugar móvil y fugaz, un eterno camino hacia el progreso, el anhelo de realizar el idílico sueño americano.

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Jack Keruac. Una de las influencias más claras en la obra de Laura Albert.

Como otra aproximación a las mismas problemáticas, el segundo libro (2001) sale a la venta bajo el sello de “autobiografía” del autor J.T. Leroy, en formato de cuentos relacionados entre sí. El narrador Jeremiah también tiene una madre que se llama Sarah y trabaja como prostituta en la carretera; esta vez, él es arrancado de su único hogar a los cuatro años y se ve obligado a crecer demasiado pronto en un ambiente hostil, recibe abusos por parte de su misma madre y es violado sucesivamente por sus varios novios, sumergiéndose en un espiral de violencia y morbo mientras busca una identidad que lo defina.

Este último libro fue adaptado al cine en el 2004, antes de que se supiera la verdad detrás de Leroy. Ella continuó su carrera literaria sin que nadie sospechara, también fue guionista y productora de directores como Gus Van Sant (en la notable película Elephant, 2003); mientras, Savannah Knoop actuando de Jeremiah se relacionaba en público con músicos como Billy Corgan, Courtney Love o Bono, y maravillaba a estrellas de cine como Winona Ryder, muchos se solidarizaron con él no sólo por su historia sino también por estar enfermo, aparentemente, de sida. El engaño se descubrió cuando su productor estaba negociando llevar a Sarah a la gran pantalla; él mismo y la compañía Antidote International Films Inc. denunciaron a Laura por fraude al haber firmado el contracto con un nombre falso y la llevaron a juicio.

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Winona Ryder y Savannah Knoop antes de que se destapara la verdad sobre J.T. Leroy

A pesar de estos traspies, esta historia siguió cautivando. Desde hace varios años se vienen haciendo varias películas sobre la vida de ella y su avatar literario, Jeremiah. En 2016 salió un espectacular documental dirigido por Jeff Feuerzeig, con la estética del mundillo del punk, un collage de fragmentos, videos, notas y grabaciones de audio. Aunque haya algo de querer explotar el suceso y hacer negocio,  parece ser que Author: The JT LeRoy Story -así se llama la película- es la historia definitiva de este extraño e increíble caso; allí se nos muestra el auge de esta personalidad en el mundo de las celebrities, los engaños, las desilusiones que causó en aquellos que creían estar ayudando a un joven con sida, y la amistad que aún mantiene Laura con otros personajes del starsystem.

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Parte de la portada del documental, Author: The J.T. Leroy Story. 2016, Jeff Feuerzeig.

Estos juegos entre personajes que se espejan en sus obras, y los juegos entre narrador, autor, ficción y realidad, abrieron interrogantes y numerosas críticas. Los lectores se quedaron impactados cuando en 2006 se descubría el secreto detrás del joven afeminado J.T. Leroy. ¿Broma, farsa u obra maestra? ¿Creer a Jeremiah o a Laura? ¿Fue pura publicidad, una estrategia editorial para vender más? Lo cierto es que la obra de esta mujer tímida y algo excéntrica –vean fotos suyas- abrió interrogantes y no deja de hacerlo: rompiendo los límites de la literatura, se pregunta por quién habla y quién escribe, plantea con crudeza la problemática de género, la vida en los márgenes de la sociedad, el crecimiento y la búsqueda de la identidad mientras se crece, reflexiona sobre cómo y por qué se ama; además, quizá lo más interesante para los críticos literarios, muestra cómo una obra se valora por quién sea el autor y por cómo se la catalogue –autobiografía, ficción, etc-. Ella misma, en una conferencia, dijo:“It doesn’t matter if it’s just the realm of metaphor, or whatever it is. It’s art”.

Ocultarse detrás de otra persona –de hecho, en latín “persona” significa “máscara”-, le permitía expresarse libremente y despegarse de su vida, ya no era ella quien hablaba sino sólo una voz a través de la pluma y el papel, las mejores máscaras para un escritor. Podía ser otra persona, masificar su producción artística y, sobre todo, tener éxito:

The real healing is the hope that maybe your experiences can serve and help protect another being. It let’s you reach out in faith and get past the illusions of suffering and the isolation of the self”. – Laura Albert


 

 

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