Francis Bacon: Salvajemente humano

Francis Bacon

La obra de Francis Bacon llega al Guggenheim de Bilbao dentro de una exposición vital que muestra más de 80 obras. Imprescindible.

Siempre que escribo un texto acerca de algún artista, intento meterme en su piel. Nunca es cosa sencilla, pero, esta vez la cosa se complica pues se trata de alguien inclasificable tanto a nivel artístico como humano. Hablamos de un transgresor en toda regla cuya obra abarca más de seis décadas.

Su tema recurrente es el ser humano, su esencia y básicamente el sentido de la vida. Para ello se sirve del lienzo como si de un espejo del “callejón del gato” valle-inclanesco se tratase; figuras retorcidas, deformes, desnudas, reflejan una cruda realidad nada bonita y a veces no carente de violencia. Una realidad, como digo, esperpéntica.

No somos más que carne acercándose lenta pero inevitablemente a la putrefacción – Francis Bacon

Study for Self-Portrait, 1976

Estudio para autorretrato (Study for Self-Portrait), 1976 Óleo y pastel sobre lienzo

Bacon, complejo, contradictorio nos lanza un mensaje provocativo y original dentro de su estilo, que podríamos llamar “figuración desfigurativa”, como lo calificó el investigador argentino Mariano Akerman quien dedicó mucho tiempo al estudio de su persona. Este lo describe con muchos calificativos que nos pueden dar una idea acerca de su naturaleza; “extraño, intenso, problemático, admirable, preocupante, profundo y frívolo, atípico, quimérico y polivalente…extremadamente sugestivo.Francis Bacon puede fascinar o provocar un rechazo absoluto. Depende del observador.

Pero conviene tener en cuenta que Bacon deforma a las personas precisamente para hacerlas más humanas, más reales que si las pintara con más naturalismo. Es con esa perspectiva con la que debemos observar y disfrutar de su obra, como reiteraré más adelante.

Las palabras del pintor “No somos más que carne acercándose lenta pero inevitablemente a la putrefacción”, es una cruda reflexión de la existencia humana que nos acerca a su manera de pensar un tanto sui géneris.

PINCELADAS DE SU VIDA

Este dublinés nacido el 28 de octubre de 1909 de padres ingleses, acomodados y afincados en Irlanda, vivió desde bien pequeño los horrores de la guerra; la de la Independencia y la guerra civil de Irlanda, descubriendo en él imágenes de crudeza y violencia que se quedarían grabados en su memoria para siempre.

El asma crónica repiqueteó su infancia una y otra vez propiciando su absentismo escolar y una  falta de integración con sus compañeros, cosa que a sus progenitores parecía importarles bien poco.

Precisamente pocos años más tarde, su padre, duro ex militar, -de quien Bacon estaba enamorado desde niño-, le sorprendió probándose vestidos de su madre. Siempre le ninguneó y le tachó de débil, pero esto y saber que había tenido sus juegos con los mozos cuidadores de caballos de su finca, hizo que al señor Bacon padre se le llevaran los demonios y le echara de casa. Su padre se lo envió a un amigo suyo para que lo metiera en cintura e hiciera un hombre de él, pero el tiro le salió por la culata ya que el niño le sedujo y este cayó en sus redes. Ambos vivieron la exaltación de su amor en los dorados años 20 en Alemania.

Cuando el joven Bacon fue a Berlín, quedó impactado por la película El Acorazado Potemkin (Serguéi Eisenstein. 1925), así como La masacre de los inocentes de Poussin que  definió como “el grito humano jamás pintado”.

Poco a poco se fue cultivando y forjando su personalidad a base de visitas a exposiciones, el cine e incluso de revistas de medicina. Esto le aportaba ideas para su trabajo que él absorbía como una esponja para luego plasmarlo en sus obras.

Ya en Londres en los años 30 pintó sus primeros oleos. Allí conoció a Eric Hall, quien fue su amante durante 15 años.

Pero fue al descubrir la obra de Picasso, cuando decide ser pintor en serio lo que le haría visitar París en infinidad de ocasiones sucesivas hasta 1990.

En 1933 pinta la Crucifixión, de clara influencia Picassiana, siendo esta una de sus obras más importantes de la época.

Three Studies for a Crucifixion, Francis Bacon

Tres estudios para una Crucifixión (Three Studies for a Crucifixion), 1962
Óleo sobre lienzo, tríptico

La fuente de inspiración son varias; La Orestiada, de Esquilo le llenó de ideas, así como la influencia de T.S. Eliot, pero lo que de verdad le apasionaba fue el retrato que Velázquez hiciera del Papa Inocencio X. Más que pasión, se convirtió en obsesión y Bacon realizó más de 40 versiones siempre copiadas de fotos pues una vez que tuvo oportunidad de verlo al natural, se negó.

…Bacon realizó más de 40 versiones siempre copiadas de fotos pues una vez que tuvo oportunidad de verlo al natural, se negó.

Ignoro el porqué de tal actitud, tal vez sintiera un miedo irracional a tener delante esa obra por motivos que escapan a nuestra razón. Llegó incluso a inventar la técnica de darle la vuelta al lienzo para que fuera más rugoso y absorbiera muchas capas de gruesa pintura y las facciones del Papa se hiciesen casi feroces.

En 1952 conocería a Peter Lacy pero fue esta una relación un tanto tóxica ya que Lacy era un sádico destructivo que le hizo padecer 8 largos años de tormentosa relación en la que le maltrató (una vez le tiró a través de un cristal) e incluso  destruyó algunos de sus cuadros. Menos mal que se fue a Tanger donde se suicidó con alcohol. De esta época son sus Retratos de un hombre azul. Pueden verse algunos en el Museo Thyssen de Madrid.

Ya en la década de los 60 se muda a una antigua cochera que convirtió en casa por estar muy cerca de su estudio de la Calle Cronwell y, es ahí donde realizará los trabajos más importantes de su vida como Tres estudios para una Crucifixión (1962) y, además George Dyer aparece en su vida. Fue su amante y, a través de fotografías le pintó una y otra vez. En 1971 Bacon iba a inaugurar una gran retrospectiva de su obra en Le Grand Palais de París, algo muy poco visto en un pintor vivo cuando se enteró de la muerte de Dyer por alcohol y drogas. Este hecho hizo que plasmara su duelo en sus pinturas.

Bacon siempre estuvo muy unido a la cultura española y en 1978 nos trajo sus obras a la Fundación Juan March en Madrid y, en Barcelona, en la Fundación Joan Miró. Solía venir y visitar el Museo del Prado, sobre todo Velázquez , Goya, Zurbarán y El Greco.

Viajó por todo el mundo con sus exposiciones y retrospectivas, Washington, Tokio, Kioto… llegando a ser nominado como “artista vivo más importante”.

La enfermedad que venía padeciendo desde años atrás no le impidió tener una relación (la última) con un culto joven español a quien a su muerte dejó una millonada así como a la hermana de este. (cosa de la que después se arrepentiría)

En 1992 se empeñó en visitar una retrospectiva de Velázquez en El Prado desoyendo los consejos de su médico y allí falleció el 28 de abril.

EL PINTOR Y SU ESTUDIO

“Parece que vivo a lo grande pero en realidad vivo en un basurero” Aseguraba Bacon en cierta ocasión. Esto puede parecer exagerado pero puedo asegurar que hace algunos años, en una exposición del autor en El Prado,  llamó poderosamente mi  atención un gran cuadro donde se mostraba un Bacon desnudo y descalzo sobre un suelo con costra de comidas viejas, pinceles resecos, periódicos, botellas con contenidos dudosos, sartenes que le servían como paletas y fotos de Mick Jagger.

Parece que vivo a lo grande pero en realidad vivo en un basurero – Francis Bacon

Este absurdo collage formaba parte de su espacio creativo más parecido a un vertedero que a un estudio. Quería apuntar este detalle porque, personalmente me impactó.

LA EXPOSICIÓN

Sabiendo ya todos estos detalles de este artista, es fácil que el gusanillo de la curiosidad nos haya picado y queramos…o, necesitemos urgentemente ver parte importante de su obra. Pues bien, el Museo Guggenheim de Bilbao, alberga la exposición Francis Bacon: de Picasso a Velázquez que podremos mirar y admirar desde el 30 de septiembre de 2016 hasta el 8 de enero de 2017. En esta retrospectiva, su comisario Martin Harrison, ha elegido más de  80 obras, las más relevantes del artista y, al mismo tiempo puede que las más desconocidas.

Retrato de Michel Leiris (Portrait of Michel Leiris), 1976 Óleo sobre lienzo

Retrato de Michel Leiris (Portrait of Michel Leiris), 1976
Óleo sobre lienzo

El joven Fancis que partió con total desconocimiento del arte pictórico se enfrenta con 17 años a Picasso para estudiarlo y admirarlo. Para observarlo y absorberlo. Tiene el don de asimilar con rapidez bocetos, pinceladas, color, luz…Le apasiona la figura humana, despedazándola a veces para comprender mejor su esencia, como un niño destroza un reloj para saber lo que hay dentro.

Para recrear con el pincel el misterio de la vida en una dimensión absoluta.

Podría decirse que Bacon reinventa el retrato al transformar las figuras cotidianas retorciéndolas, animalizándolas para que contemplen su violencia y su crudeza. Por eso me refería antes al esperpento de Valle.

Esta magnífica exposición está seccionada en temas como La puerta del arte, dedicada a Picasso pues solo él le infundió esa gran fuerza creadora, Jaulas humanas, Figuras aisladas (referencia al retrato y en especial al de Inocencio X), Cuerpos expuestos, primer desnudo de espaldas del artista, Juntos pero aislados, referencia a Velázquez. La fuerza de un retrato y Tauromaquia, dedicada a Goya, como no podía ser de otro modo.

CURIOSIDADES

Existen diversas entrevistas al pintor (1960-85) en la BBC, Londres que fueron compiladas en un interesante libro en 1975 titulado Entrevistas a Francis Bacon. Merece la pena leer sus anécdotas o ver las claves que nos da para entender a ese Bacon Surrealista, expresionista, neofigurativo y existencialista.

También existe una biografía fílmica de 1998 titulada Love is the Devil: Study for a portrait of Francis Bacon, de John Maybury que, aunque no es una biografía oficial, es muy recomendable.


Disfrutad de la Exposición. Cita en el Guggenheim para no perderse.

 

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