David Hockney, el retratista de almas

David Hockney, Guggenheim Bilbao

Hockney no pinta; psicoanaliza. Con la inmediatez maestra de sus trazos, cálida pero vigorosa va extrayendo  la esencia de cada uno.

Sin duda, David Hockney es el pintor británico en activo más importante. Su larga y prolífica carrera así lo confirma. Son muchos los años y las etapas de este artista que, además de pintar, ha destacado como fotógrafo, impresor y escenógrafo.

El muchacho nacido en Bradford el 9 de junio de 1935 empezó estudiando en la Escuela de Arte de su localidad de 1959 al 62 y formó parte de la Exposición de jóvenes contemporáneos incluso antes de acabar sus estudios, siendo  nombrado al poco tiempo miembro de la Royal Academy.

Pronto cruzó el charco dejando atrás su lluviosa Inglaterra para descubrir el radiante sol californiano que le deslumbró en todos los sentidos. ¡Esa era la luz con la que quería pintar!. Y se estableció en Los Ángeles cerca de la efervescencia hollywoodiense, las fiestas y la gente guapa. Hockney se siente como el pez en el agua.

David Hockney, Guggenheim Bilbao

El artista cambia los paisajes -fascinantes, por otra parte- de su Yorkshire natal por las piscinas de las casas de Mulholland; aguas transparentes movidas por cuerpos de esbeltos chicos morenos. Escenas de fiestas habituales en esas mansiones de tumbonas, daiquiris y palmeras. Tanto es así, que David Wasco, productor de diseño de la oscarizada película La La Land (Damien Chazelle, 2016), dijo que algunas escenas y la estética del film no hubieran sido igual sin representarlas bajo la óptica de Hockney.

Tres son las influencias básicas de este artista. Picasso, ha sido una constante en toda su trayectoria. Atraído por esa realidad fragmentada que descompone el objeto en múltiples partes, David realizó varias obras de corte cubista muy interesantes como sillas u otros enseres. De Matisse le fascinó su tratamiento del color y de Bacon heredó el expresionísmo abstracto. No son malas influencias, desde luego.

Siempre interesado por las técnicas de pintura y los fenómenos ópticos, escribió El conocimiento secreto, una genial obra de consulta. Aunque su relación con la fotografía no es completa; dice que “un artista debe describir lo que ve, no lo que la cámara le dice”, revalorizando siempre el papel de la pintura frente a la fotografía.

Así, pausadamente va descubriendo su habilidad para el retrato y empieza a invitar a amigos, conocidos y gente de su entorno a posar para él, descubriendo la personalidad y la esencia de cada uno. “Las personas son fascinantes. Son un auténtico misterio. Cuando alguien se sienta delante de mi para posar siempre pienso ¿dónde termino yo y dónde empieza el modelo?”

El Museo Guggenheim de Bilbao, que ya en 2012 exhibió con gran éxito la colección Paisajes, del mismo artista, culmina este año con broche de oro; la Exposición 82 retratos y un bodegón. Está organizada por la Royal Academy of Art de Londres en colaboración con el Guggenheim de Bibao y bajo la supervisión de su comisaria Edith Deraney. 

Hockney comenzó a escudriñar el alma de cuantos tenía alrededor con 77 años. Se planteó pintarlos de manera metódica; todos serán de las mismas medidas, todos sus modelos estarán sentados en el mismo sillón,  todos tendrán fondo azul brillante y todos estarán pintados en tres días. Ni qué decir tiene, la paciencia que tuvieron los modelos en cuestión que tenían que soportar estoicamente  sesiones de hasta siete horas en completo silencio para que la mirada del artista fuera directa al centro de su alma. Hockney no pinta; psicoanaliza. Con la inmediatez maestra de sus trazos, cálida pero vigorosa va extrayendo  la esencia de cada uno.

En ocasiones afirma “los famosos están hechos para la fotografía” o “Yo no hago famosos, la fotografía si. Mis famosos son mis amigos” y añado yo, “aunque muchos de sus amigos son famosos”. Parece un trabalenguas.

¿Y el bodegón?, os preguntaréis. Pues tiene su anécdota. Resulta que en una ocasión, la persona que iba a posar para su retrato no pudo ir a la cita y Hockney, que ya estaba con todo dispuesto para trabajar, se puso a pintar lo que tenía más a mano, es decir, frutas y verduras de su estudio.

Hockney David, Guggenheim Bilbao

Siempre le ha apasionado explorar lo nuevo. Su vida es un viaje por la tecnología. Antes, la Polaroid, impresoras, fax… hoy, con 82 años edita sus últimas obras en iPad. Afirma que “el soporte digital es un papel infinito en el cual puedes ver la evolución de una obra desde el principio hasta que está terminada”.

Su último libro es A History of Pictures, editado en 2016.

82 retratos y un bodegón es una exposición para no perderse. Hasta el 25 de febrero. El Guggenheim os está esperando.

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