Bill Viola: El narrador de imágenes

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Si hay un artista contemporáneo tan relevante como original, ese es Bill Viola.

Este neoyorkino nacido en 1951, ha venido expresando su arte utilizando medios audiovisuales, desde el básico vídeo de los años 70 hasta los dispositivos más novedosos que nos ofrecen las últimas tecnologías cuatro décadas después; podríamos decir que Viola  ha sustituído el lienzo por pantallas planas, las pinceladas por fotogramas y la luz por el tiempo.
A veces son obras de tamaño medio, otras de gran formato e incluso algunas son instalaciones monumentales que causan un gran impacto al observarlas. Todas ellas invitan a la reflexión, a mirar en nuestro interior y preguntarnos por nuestra condición humana y el lugar que ocupamos  en el mundo.

Man Searching for Immortality Woman Searching for Eternity.

Man Searching for Immortality Woman Searching for Eternity.

El Museo Guggenheim de Bilbao, que cumple ya 20 años, y en colabolación con Iberdrola, ha llevado a cabo con éxito una ambiciosa labor al montar la exposición “Bill Viola: Retrospectiva”; un recorrido por los casi 40 años de la obra del artista y de la mano de su comisaria, Lucía Aguirre. Veintisiete son las obras que estarán expuestas hasta el 9 de noviembre.

Viola estudió en la Escuela de Bellas Artes de Siracusa y se relacionó con otros viedoartistas del momento como Bruce Nauman. Tras una beca de 18 meses en Japón, su obra está muy influenciada por filosofías orientales -zen, budista, sufista…- aunque también por pensamientos occidentales como por San Juan de la Cruz y otros místicos medievales. Su referente decimonónico es William Blake, poeta, pintor y grabador de su época, y el más reciente, el gran poeta norteamericano Walt Withman.
Su obra rebosa poesía y espiritualidad, belleza y equilibrio.
“Hay un hilo que enlaza a los pintores de las cavernas (…) hasta los del presente (…), descubrir el alma humana”. Estas palabras del artista nos dan la clave para entender su obra y su preocupación por la trascendencia humana, el nacimiento, la vida, la muerte, la transformación, la inmortalidad, la eternidad son en sí mismos una continuidad de los diferentes estados de la existencia. Este será su discurso aunque a veces lo represente de manera dual; vida/muerte, luz/oscuridad, fuerza/tranquilidad o acción/calma.
Hay dos hechos estrechamente unidos que marcaron a Viola y consolidaron su idea del hilo contínuo de nuestra existencia; la muerte de su madre y, nueve meses después, el nacimiento de su hijo. Tanto es así que una de sus obras la forman dos pantallas enfrentadas, una con su madre al borde de la muerte y otra con su hijo recién nacido.

First Light

First Light

Algunas de las obras expuestas son Four Songs, obra temprana, de 1976. Una de sus partes, The Reflecting Pool es una alegoría con gran carga poética. El agua puede ser metáfora del nacimiento en este caso -aunque también pueda serlo de espejsmo, muerte o renovación en otros casos-. Chott el Djerid ( A Portrait in Light and Heat), 1979, presenta el desierto como un mundo onírico, un espacio abierto en nuestro interior donde ver todo más nítidamente. Una de mis obras preferidas es The Greeting, 1995. En ella tres mujeres se encuentran y se saludan. La técnica del Slow Motion -ultra cámara lenta-  le confiere una elegancia plástica bellísima cuando las telas de sus vestidos ondean y parecen flotar en el aire. Y también cómo los gestos de las amigas se van alegrando al verse.
Del 2013 es su trabajo The Dreamers, en la que diversas personas muy distintas entre sí en edad, raza, sexo, aparecen sumergidos en el agua como en un líquido amniótico, tumbados y con los ojos cerrados, como esperando renacer. Acompaña a las imágenes el sonido del agua parecido al de lagunas subterráneas que lo complementa con un halo de misterio.

Greetings.

The Greeting.

Pero no sería justo hablar de Bill Viola, sin mencionar a Kira Perov.  ¿Cómo describir a esta mujer?. La verdad es bastante complicado. En palabras del propio artista “Bill Viola artista no existiría sin Kira Perov”. Llevan juntos más de 3 décadas y ella misma se denomina “su ángel guardián”. Empezó como mera consejera y con el tiempo ha ido asumiendo más responsabilidades hasta ser la gestora de todos sus encargos artísticos, es productora ejecutiva, dirige sus vastos montajes, edita sus vídeos, textos y catálogos, se encarga de las exposiciones, es albacea y protectora de su obra ….y es, en definitiva, quien hace realidad sus proyectos supervisando hasta el más mínimo detalle. Sin embargo ella siempre desea permanecer en la sombra, como velada coautora.
Viola ha cosechado a lo largo de su carrera infinidad de premios y reconocimientos internacionales en U.S.A., Alemania, Bélgica, Japón y España (Catalonia International Prize), así como son incontables las exposiciones en todas partes del globo. Y la última, como ya he dicho, nos toca de cerca, en el Museo Guggenheim de Bilbao. Es un buen regalo por su XX aniversario. ¡Felicidades, Bill Viola! y ¡Felicidades, Guggenheim! Que cumplas muchos, muchos más. Gracias por alimentar nuestros sueños y restaurar nuestras almas.

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