Anni Albers o el arte de tejer poesía

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Cuando descubrimos a alguien como Anni Albers, que llegó a ser la artista textil más famosa e influyente del siglo XX, hay que apreciarla doblemente; por ser artista y por ser mujer en un mundo, el del arte, de exclusividad casi masculina.

Nacida en 1899, en un Berlín vanguardista y moderno e hija de una aristócrata y un ebanista, sintió el gusanillo del arte y el diseño desde niña. Estudió dos años de pintura, tutelada por Kokoschka,  pero   pronto cambió los pinceles por por el telar por ser más adecuado a su estado de salud y su gusto hacia esta manufactura.
En 1922 ingresó en la Bauhaus donde fue alumna de Paul Klee. Y en 1931 ya dirigía el taller textil. Allí también conoció Josef Albers -investigador en la producción de nuevos tejidos; antiarrugas, reflexión de la luz, absorción del sonido o durabilidad- con quien se casó en 1925.

anni albers, guggenheim bilbao
En la Bauhaus desarrolló su primera etapa artística , abstracción racionalista, diseños ortogonales, simples y funcionales pero rayanos en la perfección formal de urdimbres y tramas.
Hacia los años 30, Gropius -diseñador del edificio Bauhaus- dejó Dassau y con los Kandinsky y los Klee, los Albers viajaron por Italia y España tomando la artista notas del arte mediterráneo.
Fueron años fructuosos y muy buenos para Anni, hasta que en 1932, la negra sombra nazi cayó sobre la Bauhaus y la exterminó, como tantas otras cosas.

anni albers, guggenheim bilba
El matrimonio -Anni era de ascendencia judía- cruzó el charco y se instaló en Carolina del Norte, EE.UU. Aquí, en 1933 ya les precedía su fama y entran a trabajar dando clase en el Black Mountain College, escuela libre, paradigma de la modernidad. Comienza aquí su segunda etapa artística. Este cambio ejerce en Anni un efecto liberador en sus motivos, texturas y colores, de elementos de arte precolombino adquiridos en sus viajes por Méjico, Cuba y Perú aunque sin desatender la industria moderna. Incluso llegó a diseñar colgantes y aderezos de estilo indígena como uno realizado con el filtro de un desagüe, cadena de lavabo y clips (1940). Los tejidos se empiezan a convertir en obras artísticas con gran carga poética. En 1949 Albers ya es todo un referente en EE.UU. y su obra se expone en el MOMA de Nueva York.

anni albers, guggenheim bilbao

Albers fundamenta su expresividad a través de su arte textil creando trabajos originales -delicados y sutiles-, por su conocimiento de materiales -del lino al alambre- y técnicas artesanales -en textura y color- tan antiguas como la Humanidad pero a la vez muy modernas. En esto se basa su trabajo, en una búsqueda continua de pureza conceptual; de ahí la evolución de su proceso creativo en sus dos periodos básicos.
En los años 60 sigue Albers explorando nuevas técnicas; grabados, serigrafías, aguatintas con infinitas variaciones. Edita varias obras de las que destaca El Tejer (On Weaving), obra clave con fotos y bocetos, referente del arte textil contemporáneo.
En la década de los 70, su última etapa, abandona el telar  por que implica mucho esfuerzo para su edad pero colabora con compañías textiles para comercializar  sus diseños y llevarlos al gran público que, en definitiva, fue la máxima de la Bauhaus; es decir, eliminar la separación Arte/Diseño y democratizar así el objeto artístico. Un ejemplo son la serie de grabados Connections que son, básicamente, una sinopsis de su trabajo.
Al jubilarse Josef siguió viviendo y trabajando con su esposa hasta que esta falleció. Fue en Conneticut en 1994.

Anni Albers, Guggenheim Bilbao

El Museo Guggenheim de Bilbao sigue celebrando su XX aniversario a lo grande y, en esta ocasión nos muestra la exposición ANNI ALBERS, TOCAR LA VISTA.
Se trata de un recorrido cronológico por las siete décadas del trabajo de la artista, sus diferentes etapas y su evolución. Son 180 obras entre textiles, dibujos y grabados, una mirada táctil llena de emociones donde percibir su tranquilo humanismo y la búsqueda de la pureza en toda su obra.
Destacan sus Colgaduras (Wall Hangings) y los Tejidos pictóricos (Pictorial Weavings).

Junto a su comisario, Manuel Cirauqui, colaboran en la exposición la Fundación Josef y Anni Albers de Conneticut, cediendo para la ocasión obras nunca vistas por el público y otras que han sido prestadas por diferentes museos de EE.UU.

Merece la pena acudir al Guggenheim a disfrutar de la obra de Anni Albers,  pionera del Arte Moderno Textil, a quien tanto debemos. Hasta el 14 de enero de 2018.

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